SAN ANTONIO ABAD o SAN ANTÓN -17 de Enero

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Es uno de los padres del desierto, un gran asceta que fue tentado por el maligno de muy diversas formas. Es también uno de los santos que suscita gran devoción popular al ser considerado protector de los animales.

Es uno de los santos más populares, al menos en España, por cuanto este día existe la tradición de llevar a los animales a las iglesias para ser bendecidos. Su biógrafo fue san Atanasio. Antonio nació en el Alto Egipto hacia el año 251, y siendo joven quedó conmovido por el pasaje evangélico del joven rico que escuchó en una iglesia. Entregó su patrimonio a los pobres (pertenecía a una familia pudiente) y emprendió una vida de severo ascetismo. Durante un tiempo su “lecho” fue un sepulcro vacío, y después las ruinas de una fortaleza militar que se hallaba en ruinas en el desierto de Nitria hasta que se afincó en un promontorio cerca del Mar Rojo morando en una humilde choza que se construyó él mismo.

Muchos jóvenes de su tiempo conmovidos por esta vida de silencio, oración y penitencia, acudían allí para materializar sus sueños de perfección en el yermo. Se había convertido en el punto de referencia para los que llevaban una vida de oración compartida a ratos comunitariamente y otras en la soledad de las oquedades que convirtieron en sus moradas. Veinte años permaneció Antonio haciendo frente a las tentaciones que querían atentar contra su castidad. La violencia de las mismas se aprecia en las palabras que dirigió a sus seguidores: «Terribles y pérfidos son nuestros adversarios. Sus multitudes llenan el espacio. Están siempre cerca de nosotros. Entre ellos existe una gran soledad. Dejando a los más sabios explicar su naturaleza, contentémonos con enterarnos de las astucias que usan en sus asaltos contra nosotros».

La bibliografía sobre este santo ermitaño refleja las múltiples artimañas de toda índole empleadas por el maligno para seducirle. Lo intentó todo con objeto de apresarlo entre sus pérfidas redes, acosándolo de una forma tremebunda. En una ocasión en la que el rugido de la horda brutal de fieras manipulada por Satanás hacía temblar todo en derredor de Antonio, una inmensa luz desterró instantáneamente las fieras que campeaban entre tinieblas, y del mismo modo que siglos más tarde le sucedería a Santa Catalina de Siena, exclamó: «¿Dónde estabas, mi buen Jesús? ¿Dónde estabas? ¿Por qué no acudiste antes a curar mis heridas?». La voz de lo alto replicó: «Contigo estaba, Antonio; asistía a tu generoso combate. No temas; estos monstruos no volverán a causarte el menor daño». Pero prosiguieron atormentándole durante un tiempo con otras estrategias más sutiles, hasta que el acoso del inmundo diablo que prosiguió tras él no le causaba ni la más mínima turbación. Solía decir: «Los rezos y las lágrimas purifican hasta lo más impuro»; «Los más puros son los que con más frecuencia se ven acosados por las arteras mañas del demonio».

El denominado «padre de los monjes», de vez en cuando abandonaba el desierto y misionaba en Alejandría combatiendo el arrianismo. Su máxima fue: «esforcémonos en no poseer nada que no nos podamos llevar a la tumba, es decir, la caridad, la dulzura y la justicia. Toda prueba nos es favorable. Si no hay tentaciones no se salva nadie». Para todos los que se acercaban a él, que fueron multitudes, tenía un sabio consejo: «Nada es tan vano como la desesperación. Llorad, que las lágrimas lavan el alma; llorad sin descanso, hasta que la losa de plomo que pesa sobre vosotros se derrita con el calor de vuestras lágrimas», decía a los que se hallaban al borde del desánimo, sopesando su fragilidad espiritual. Un día del año 356, siendo de avanzadísima edad, parece que superó con creces los cien años, sintió que su vida se apagaba. Y dio las últimas indicaciones a sus discípulos. Les dejó su cilicio, el único objeto material que poseía, y entregó su alma a Dios. San Atanasio conservó su túnica. Antonio fue canonizado el año 491.

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SAN FRANCISCO FERNÁNDEZ DE CAPILLAS -15 Enero

San Francisco Fernández de Capillas. Wikimedia Commons

“El impresionante testimonio de un dominico, ardoroso apóstol y gran asceta, que no ahorró sacrificios para difundir la fe en China, siendo el primer martirizado en ese país. Es un referente inequívoco para cualquier misionero” 

Solo la obcecación del que vive inmerso en el odio puede tildar de rebeldía lo que es un alarde de valentía inigualable y para muchos incomprensible. Francisco consumó en China su amor a Cristo derramando su sangre a manos de quienes no supieron vislumbrar la grandeza de un corazón henchido de gozo ante la aventura cotidiana de vivir y difundir la fe en derredor suyo. Su ardor apostólico es todo lo que podía esgrimirse en su contra cuando fue condenado. Ahora bien, está claro que no se llega a apurar el cáliz en esa hora suprema sin haberse dispuesto a cumplir la voluntad de Dios día tras día. La fortaleza en la que se asienta una vocación cuando se nutre de la oración y de la entrega sin paliativos emerge con todo su vigor en el instante definitivo, y eso lo han percibido todos los que se abrazaron a la palma del martirio en defensa de su fe, como le sucedió a Francisco.

La trayectoria humana de este primer beato martirizado en China se inició el 15 de agosto de 1607 en la localidad de Baquerín de Campos, Palencia, España, cuando vio la luz por vez primera, cerrando con su llegada el número de hijos que alegraron aquel humilde hogar bendecido por otros cuatro vástagos anteriores. Familiarizado desde niño con el carisma dominico que tuvo ocasión de conocer en Palencia, vio en él la vía óptima para encauzar su propia vida, por lo cual se trasladó a Valladolid ingresando a sus 17 años en el convento de San Pablo. Coincidió su llegada a la Orden en un momento de expansión por América y el Extremo Oriente. Urgido por su celo apostólico se ofreció voluntariamente para partir en una expedición compuesta por una treintena de jóvenes, todos dominicos, que no dudaban en entregar lo mejor de sí en esa labor evangelizadora, desplegando sus sueños e ilusiones sin temer a la larguísima y complicada travesía que les esperaba. Ese año de 1631, fuertemente asidos a la cruz y llenos de alegría, iniciaron viaje a México. Numerosos contratiempos y fatigas les salieron al paso hasta que llegaron a Manila, su destino final, cuando estaba a punto de cumplirse un año de su partida.

Francisco, que aún no había sido ordenado, recibió este sacramento en la capital filipina. Tenía 25 años y durante casi una década permaneció en la misión de Cagayán, en Luzón, alimentando en su corazón el anhelo de ir a China. Intuyendo lo que allí podía aguardarle, cuidaba su salud espiritual con toda rigurosidad. No podía dejar resquicio alguno para que penetrase la vacilación y el miedo, sentimientos que no pervivían en él, pero que no están lejos de los que se proponen seguir a Cristo. Él mismo reconociendo humildemente que no estaba libre de estas debilidades pedía las oraciones de los suyos: «Que rueguen por mí todos para que me dé Dios nuestro Señor valor, si acaso se ofrece el volver a padecer por Él mayores tormentos de los padecidos y glorificarlo por la muerte, que para todo estoy dispuesto en la voluntad de nuestro Señor». Francisco sabía cómo se combaten las flaquezas humanas: haciéndoles frente, sin dar cancha a las apetencias personales. Buen conocedor de los entresijos de la vida espiritual, vivía con estricta austeridad. La dureza del clima le ayudaba en esta filigrana que trazaba sobre su acontecer: el sol asfixiante y la incómoda presencia de una turba de insectos eran algunos de sus aliados en esta batalla diaria. Una cruz de madera su lecho para los escasísimos momentos que se concedía de descanso; el resto, oración e intensa vida apostólica. Así llegó en 1642 a Fu-kién, después de haber recalado en Formosa.

Su penoso estado de salud acentuado por las mortificaciones, fiebres cuartanas, y otras muchas dificultades, no le impidieron seguir adelante. Firmemente resuelto a todo por Cristo afrontaba su quehacer con inquebrantable fe y la absoluta convicción de que estaba cumpliendo la voluntad divina: «…es Dios nuestro Señor el que aquí me ha traído…» […] «no bastan trazas humanas para sacarme de aquí hasta que se llegue la hora en que tiene determinado nuestro Señor Jesucristo sacarme». Por sus muchas virtudes, que no pasaban desapercibidas para la comunidad cristiana, lo denominaban «santo Capillas». Supo hacerse uno con los que le rodeaban y fue referente para los fieles y ejemplo modélico a seguir. Su fortaleza era bastión en el que los débiles se apoyaban. Era consciente del valor que encierra la autoridad moral: «viéndome todos padecer con igualdad de ánimo… ».

Cuando lo apresaron, acababa de dejar a los enfermos a los que solía atender. Ellos y los que padecían por cualquier motivo obtenían su consuelo: «… yo reparto con ellos (los encarcelados) de lo que me dan y les sirvo en lo que me mandan y me tengo por muy dichoso en eso». Ya dominaba su lengua y había suscitado numerosas conversiones por Fogán, Moyán, Tingteu y otras ciudades. Estuvo detenido dos meses en los que fue sometido a crueles tormentos, hasta que el 15 de enero de 1648 murió decapitado. Sus últimas palabras, dirigidas al juez, fueron: «Yo nunca he tenido otra casa que el mundo, ni otro lecho que la tierra, ni otro alimento que el pan que cada día me ha dado la Providencia, ni otra razón de vivir que trabajar y sufrir por la gloria de Jesucristo y por la felicidad eterna de los que creen en su nombre». Pío X lo beatificó el 2 de mayo de 1909, y Juan Pablo II lo canonizó el 1 de octubre del 2000.

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II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO – Ciclo B – 14 Enero

«VENID Y VERÉIS »

SANTO EVANGELIO según SAN JUAN 1, 35 – 42

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:

«Este es el Cordero de Dios». Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús.

Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:

«¿Qué buscáis?». Ellos le contestaron: «Rabí (que significa  Maestro), ¿dónde vives?».

Él les dijo: «Venid y veréis» Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:

«Hemos encontrado al Mesías  (que significa Cristo)».

Y lo llevó a Jesús. Jesús se  le quedó mirando y le dijo:

«Tú eres Simón, el hijo de  Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro)».

Palabra del Señor

“¿A QUIÉN BUSCÁIS?”

Tres veces hizo Jesús la misma pregunta: “¿A quién buscáis?”. Hoy, a sus primeros discípulos. La última noche de su vida mortal a los que le detuvieron en Getsemaní. Y a María Magdalena, la mañana de Pascua. Cuando Jesús hace esa pregunta es porque nos ve hambrientos de felicidad, de sentido, de orientación, de armonía interior. Es para decirnos que la iniciativa parte siempre de Él y que espera una respuesta libre, consciente, amorosa y sincera. Jesús la hace cuando y donde Él quiere: en nuestro trabajo, en la facultad, en el noviazgo, en el seminario, en el sacerdocio, en medio de la tormenta de una crisis o de la calma, en un momento de oración o de retiro, en la niñez, en la adolescencia, en la juventud o en la edad madura o en la vejez. Con esperanza, con sumo respeto, sin atosigar a nadie, sin obligar a nadie. Es el momento de preguntarnos: ¿hemos escuchado también nosotros esta pregunta en momentos de oración, de silencio contemplativo, de desierto del alma, de fracasos aparentes, de éxitos, de enfermedad…? Pensemos: ¿Sigo a Cristo por Él mismo o por ventajas temporales? ¿Qué espero de Jesús: felicidad terrena o vida eterna? ¿Mi vida como seguidor de Cristo es coherente, alegre, por eso atraigo a otros para Cristo?

Citas para reflexionar:

  • “Cuanto más enraizados estamos en Cristo, más serenidad interior encontramos, incluso en medio de las contradicciones cotidianas”. Papa Francisco
  • “Cuando un niño destroza un juguete parece que le está buscando el alma Víctor Hugo
  • “Los pecados contra el primer mandamiento son los que más agradan al diablo”  P. Pedro P. Alexandre  

Noticias de la Iglesia:

  • Este domingo, 14 se celebra la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, este año con el lema “Acoger, proteger, promover e integrar a los emigrantes y refugiados”.
  • Más de 2.000 personas viviendo en las “periferias” disfrutaron de un especial “Circo de Solidaridad” el pasado jueves 11 de enero, gracias al Papa Francisco.
  • El Papa Francisco irá a Chile y a Perú como “Peregrino de la Alegría del Evangelio”.
  • Varias diócesis de Francia han comenzado un camino de encuentro poniendo en práctica de Amoris laetitia.
  • El Patriarca Kiril de Moscú en su mensaje navideño dijo: «Los valores de la familia resisten a pesar de los increíbles esfuerzos para destruirlos».
  • Donad Trump es “Personalidad Pro-vida del año”.
  •  Un millón doscientas mil personas participaron en la Marcha de los Reyes Magos, celebrada en Polonia.
  • El Ayuntamiento de Castellón rectifica en parte tras señalizar iglesias cristianas con medias lunas.
  • Los obispos españoles critican al gobierno por no cumplir los cupos de refugiados. La Iglesia propone un gran pacto por la hospitalidad, en vista a la “Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado”.
  • El pasado domingo se clausuró el Año Jubilar de Caravaca de la Cruz, pero continúan la indulgencia y las peregrinaciones.
  • –La Diócesis de León se suma a la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado con una llamada a la acción para “acoger, proteger, promover e integrar”.

LOS FRUTOS DE LA SAGRADA COMUNIÓN BIEN RECIBIDA

1-La Eucaristía nos une íntimamente con Cristo y, en cierto sentido, nos transforma en Él.

2-La Eucaristía nos une con la Santísima Trinidad.

3-La Eucaristía aumenta la gracia santificante al darnos la gracia sacramental que alimenta, conforta y vigoriza nuestra vida sobrenatural.

4-La Eucaristía aumenta la fe, la esperanza y, sobre todo, la caridad. Las virtudes infusas, los dones del Espíritu Santo y la eficacia santificadora.

5-Borra los pecados veniales y preserva de los pecados futuros. Perdona la pena temporal debida a los pecados y es prenda de la gloria futura.

ORACIÓN: TE HE BUSCADO SEÑOR

TE HE BUSCADO SEÑOR

Y te he encontrado en el amor

Y te he visto en el hermano

Y te he tocado en el triste.

TE HE BUSCADO SEÑOR

Y en la oración he hablado contigo

Y en la paz te he abrazado

Y en el perdón te he descubierto.

Y en la alegría te he visto sonreír

TE HE BUSCADO SEÑOR

Y en la fraternidad me has visitado

Y en la Palabra te he escuchado.

Y, después de buscarte, Señor

es cuando me he dado cuenta

de que por fin te he encontrado.

GRACIAS POR DEJAR BUSCARTE SEÑOR

 “EL REGALO NAVIDEÑO”

Erase dos niños muy amigos. Se ayudaban y se lo pasaban la mar de bien jugando con sus compañeros. A uno de ellos le encantaba tocar la armónica. Siempre la tenía en la boca deleitándose con sus melodías favoritas. El otro  amigo era muy aficionado al patinaje. Se pasaba muchas tardes patinando de un lugar a otro, dando saltos y haciendo piruetas. Las veces que los dos coincidían con sus patines y su armónica creaban auténticos espectáculos en la calle. La gente se paraba admirada y los aplaudía. Llegaron las  fiestas de Navidad. Los  dos amigos tenían la costumbre de hacerse un regalo por estas fechas. El de los patines tuvo la idea de regalar una armónica nueva a su amigo. Rompió su hucha, pero se dio cuenta enseguida que no disponía de dinero suficiente para comprarle la mejor. Sin pensarlo dos veces vendió sus patines. Con el dinero que consiguió y el de la hucha pudo comprar la mejor armónica de la tienda. Cuando llegó el día de los Reyes se encontraron los dos amigos para intercambiar los regalos. Al abrirlos se llevaron una gran sorpresa. Los dos habían hecho lo mismo: vender lo que más les gustaba para poder comprar el mejor regalo para su amigo. El regalo que recibió el que había vendido sus patines, fue el de unos patines nuevos. Y el regalo que recibió el que había vendido su armónica fue una armónica nueva. Los dos estallaron en una sonrisa empapada de emotivas lágrimas. Los dos, renunciando a lo que más les gustaba, habían salido ganando.

REFLEXIÓN: Me vienen cuatro niños a pedirme caramelos. Sólo me quedan tres y ellos son cuatro. Se los doy  al mayor, y éste los distribuye a los más pequeños. Él se queda sin caramelo. Entonces me acuerdo que me queda un “chupa-chups” en un cajón y se lo doy. El más pequeño levanta la voz: “¡Qué morro!” Sin pensárselo dos veces, el niño le da el “chupa-chups” y le coge el pequeño caramelo.

Esta escena, aparentemente intrascendente, me ha impactado. En el clima de desencanto que vive hoy gran parte de la humanidad, encontrarte con chispas motivadoras de esperanza como ésta rehace el estado de ánimo del más escéptico. Si ponemos los ojos en los poderosos “Herodes” de este mundo y nos arrodillamos ante ellos para salir del pozo estamos perdiendo el tiempo. Una vez más hay que reafirmarnos “ingenuamente” que el camino de salida personal, familiar y social es de agacharnos hacia los más pequeños e indefensos para extraer lecciones de vida. Es verdad que son pequeñas chispas luminosas pero que son capaces de crear un mundo fraterno. “El arroyo de Dios desborda de agua preparando los sembrados” (salmo 64).

Esta escena, unos días después de Reyes, se debe reproducir en muchas familias que han perdido una oportunidad educativa. Un juguete, por más costoso que sea, nunca podrá llenar el vacío de una presencia paterna-materna gratuita. Quedas alucinado cuando ves a un pequeño “exigiendo” al abuelo, no un regalo, sino dinero. “¿Pasaría esto, por ejemplo, si hubiéramos ayudado a los niños a escribir la carta a los Reyes Magos pidiendo también para el papá, la mamá, la abuela, el abuelo…?” Ya de mayor, aquel niño “especial” nacido en Belén, sentenció: “Hace más feliz dar que recibir”. El niño de “la armónica”, el de los “patines” y el del “chupa-chups” nos lo confirman. ¿Los grandes nos lo hemos acabado de creer?

José Perich y A. Bautista

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BEATA FRANCISCA DE LA ENCARNACIÓN -13 Enero

«Había sido la humilde tornera del convento cuando fue condenada a muerte por el único ‘delito’ de ser religiosa, durante la guerra civil española. Perdió la vida defendiendo su virginidad en medio de un bárbaro asalto» 

Figura de cera que contiene los restos de Francisca de la Encarnación, Martos (Jaén, España)Por desgracia, la historia continúa ensangrentando sus páginas al cercenar brutalmente la vida de personas inocentes, cuyo único «delito» es profesar la fe, legítima opción canonizada en 1948 por la Declaración Universal de Derechos Humanos (artº. 2), aunque sigue siendo impunemente vulnerada. Los intolerantes, pertrechados en la fuerza de las armas y la cobardía de los improperios, han arrasado los altos ideales y nobles sueños de quienes únicamente hicieron del amor la senda de su acontecer.

En 1936, desde su misión de tornera, la religiosa española Francisca Espejo Martos escuchaba aterrorizada las pésimas noticias que penetraban por las rejas del convento trinitario de Martos, Jaén, su ciudad natal, atentando contra la paz que latía en la comunidad. El terror que le producían los clarines de muerte trazó provisionalmente una escurridiza pirueta sobre su vida al intervenir la priora, quien caritativamente la dispensó de su responsabilidad para ahorrarle sufrimientos, y hallarse a resguardo de los captores en casa de su hermano, por un tiempo. Pero su fin estaba ya trazado y dispuesta para ella la gloria del martirio.

Su biografía había comenzado el 2 de febrero de 1873, día de su nacimiento. Huérfana de madre y responsable de un hermano menor, cuando su padre se desposó nuevamente, se instaló junto a su tía Rosario, priora del convento trinitario, y siguió sus pasos en la vida religiosa. Profesó en 1894 y fue viendo caer las hojas del calendario entregada a la oración y realizando las labores domésticas con espíritu de mansedumbre y sencillez, siendo el paño de lágrimas de los pobres a los que socorría. Alguien que la conoció de cerca, sintetizó su ejemplar vida cotidiana diciendo: «Era muy buena; todo lo que se diga es poco».

Durante años nada hacía presagiar la tormenta que se cernía en el horizonte hasta que las llamas devoraron las iglesias de Nuestra Señora de la Villa y de San Amador la fatídica madrugada del 18 al 19 de julio de 1936. Dos días más tarde el convento de las madres trinitarias estaba en el punto de mira de los perversos sanguinarios que penetraron en el recinto y las dejaron desprovistas de todo, viéndose obligadas a buscar cobijo entre gentes de buen corazón. Junto a su tía, Encarnación siguió realizando en casa de su hermano lo que mejor sabía hacer: orar y trabajar. ¿Ofendían a alguien con este proceder?

Enero de 1937 vino cargado de malos augurios. El día 11, su tía, su cuñada y ella misma fueron apresadas. Su hermano, que les había precedido en este desatino, fue liberado. Entre el importante número de religiosos que estaban marcados de forma ignominiosa por los milicianos para derramar su sangre, algunos fueron liberados en medio de distintas circunstancias; en el caso de su tía Rosario, por motivos de avanzada edad y solo después de que los verdugos fueran increpados por un testigo de tan inhumana afrenta, ya que la religiosa caminaba penosamente por la calle hallándose entre los señalados para morir.

Las bendiciones habían llovido sobre la localidad con numerosas vocaciones y los que había determinado segar sus vidas decidieron reducir los ajusticiados eligiendo únicamente a los responsables de cada Orden. Sin embargo en el caso de las trinitarias detuvieron a dos erróneamente; una era Encarnación mientras la priora había quedado a salvo. En el calabozo compartía con otras religiosas temblores y angustia; veían pasar el tiempo unidas en la oración y alentadas por el ejemplo de los primeros mártires. Alguna de ellas se libró de la muerte. Pero la presión ejercida por el responsable de su excarcelación no pudo extenderse a las restantes. Y el 13 de enero las obligaron a subir a una destartalada camioneta conduciéndolas a varios kilómetros distantes de su localidad natal, concretamente a Casillas de Martos.

La bajeza y brutalidad de los asesinos se mostró con toda su crudeza cuando después de fusilar cobardemente frente a una tapia a los numerosos varones que habían capturado, se propusieron violentar a las tres religiosas, una de ellas Encarnación, en el barranco que se hallaba enfrente del cementerio. Ellas se defendieron con uñas y dientes. Y en medio de tan bárbara lucha, los viles verdugos, contrariados e impotentes, al no lograr sus propósitos dejaron fluir toda su rabia destrozando el cráneo de la beata con varios culatazos de escopeta; su cuerpo abandonado mostraba huellas estremecedoras de fiereza. Encarnación tenía entonces 64 años. Benedicto XVI la beatificó el 28 de octubre de 2007. Su cuerpo incorrupto se conserva en el monasterio de la Santísima Trinidad de Martos (Jaén).

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“NO RECEMOS COMO PAPAGAYOS” Homilía 12 enero

“El Evangelio nos lleva a interrogarnos acerca de nuestro modo de rezar. No lo hagamos como `papagayos´ y `sin interés´ en lo que pedimos, sino que supliquemos al Señor que nos ayude con nuestra poca fe, incluso ante las dificultades”, ha sugerido el Papa Francisco esta mañana.

El Santo Padre ha reflexionado en torno a la oración cristiana en la homilía de la Misa matutina celebrada en Santa Marta este viernes, 12 de enero de 2018.

En este contexto, Francisco ha lanzado la pregunta “¿Cómo es en el Evangelio la oración de los que logran obtener del Señor lo que desean?” y ha asegurado que “todo es posible para quien cree”, como enseña el Evangelio.

“Siempre, cuando nos acercamos al Señor para pedir algo –ha explicado el Papa– se debe partir de la fe y hacerlo en la fe: ‘Yo tengo fe de que puedes curarme, yo creo que tú puedes hacer esto’ y tener el coraje de desafiarlo, como el leproso de ayer, o este hombre de hoy, este paralítico de hoy. La oración en la fe”.

El Papa se ha basado en las curaciones del Evangelio para su reflexión de hoy: En el Evangelio de Marcos se relatan, tanto ayer como hoy, dos curaciones, ha recordado el Pontífice. Ayer la del leproso y hoy la del paralítico. Ambos rezan para obtener y lo hacen con fe: el leproso –ha destacado el Santo Padre– desafía incluso a Jesús con valor, diciendo: “¡Si quieres puedes purificarme!”. Y la respuesta del Señor es inmediata: “Lo quiero”.

“Oración valerosa”

Así, el Papa ha señalado recordado que Santa Mónica, la madre de Agustín, rezó y lloró tanto por la conversión de su hijo. “Y logró obtenerla”. El Papa Francisco la citó de entre tantos santos que han tenido gran valor en su fe. Coraje “para desafiar al Señor”, coraje para “ponerse en juego”, incluso si no se obtiene inmediatamente lo que se pide, porque en la “oración se juega de modo fuerte” y “si la oración no es valerosa, no es cristiana”:

“La oración cristiana nace de la fe en Jesús y va siempre con la fe más allá de las dificultades. Una frase para llevarla hoy en nuestro corazón  nos ayudará, de nuestro padre Abraham, a quien se le prometió la herencia, es decir, tener un hijo a los 100 años. Dice el apóstol Pablo: ‘Crean’ y con esto fue justificado. La fe y ‘se puso en camino’: fe y hacer de todo para llegar a aquella gracia que estoy pidiendo. El Señor nos ha dicho: ‘Pidan y les será dado’. Tomemos también esta Palabra y tengamos confianza, pero siempre con fe y poniéndose en juego. Éste es el coraje que tiene la oración cristiana. Si una oración no es valerosa no es cristiana”, ha descrito Francisco.

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CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO – 10 de Enero

El Papa Francisco ha dedicado la catequesis de hoy, en la audiencia general, al canto del gloria y a la oración colecta que forman parte de los ritos introductorios de la Santa Misa.

Catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el recorrido de las catequesis sobre la celebración eucarística hemos visto que el Acto penitencial nos ayuda a despojarnos de nuestras presunciones y a presentarnos ante Dios como realmente somos, conscientes de ser pecadores, con la esperanza de ser perdonados.

Precisamente del encuentro entre la miseria humana y la misericordia divina brota la gratitud expresada en el “Gloria”, “un himno antiquísimo y venerable con el que la Iglesia, congregada en el Espíritu Santo, glorifica a Dios Padre y glorifica y le suplica al Cordero.” (Instrucción General del Misal Romano, 53).

El inicio de este himno –“Gloria a Dios en el alto del cielo”- retoma el canto de los ángeles en el nacimiento de Jesús en Belén, el anuncio gozoso del abrazo entre el cielo y la tierra. Este canto también nos involucra reunidos en oración: “Gloria a Dios en el alto del cielo y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”.

Después del “Gloria”, o cuando no lo hay, inmediatamente después del Acto penitencial, la oración asume una forma particular en la llamada “colecta” que expresa el carácter propio de la celebración, variable según los días y tiempos del año (ver ibid., 54). Con la invitación “oremos”, el sacerdote exhorta al pueblo  a recogerse con él en un momento de silencio, para hacerse conscientes de que están en la presencia de Dios y para que emerjan, del corazón de cada uno, las intenciones personales con las que participa en la misa (cf. ibid., 54). El sacerdote dice “oremos”; y después hay unos instantes de silencio y cada uno piensa en lo que necesita, en lo que quiere pedir, en la oración.

El silencio no se limita a la ausencia de palabras; es estar dispuesto a escuchar otras voces: la de nuestro corazón y, sobre todo, la voz del Espíritu Santo. En la liturgia, la naturaleza del silencio sagrado depende del momento en que se observa: “En el acto penitencial y después de la invitación a orar, cada uno se recoge en sí mismo; pero terminada la lectura o la homilía, todos meditan brevemente lo que escucharon; y después de la Comunión, alaban a Dios en su corazón y oran” (ibid., 45). Por lo tanto, antes de la oración inicial, el silencio nos ayuda a recogernos en nosotros mismos y a pensar en por qué estamos allí. De ahí la importancia de escuchar nuestro ánimo para abrirlo luego al Señor. Tal vez venimos de días fatigosos, o de alegría, de dolor, y queremos decírselo al Señor, invocar su ayuda, pedirle que esté cerca de nosotros; tenemos familiares y amigos que están enfermos o que atraviesan pruebas difíciles; deseamos confiarle a Dios las suertes de la Iglesia y del mundo. Para esto sirve el breve silencio antes de que el sacerdote, recogiendo las intenciones de cada uno, exprese en voz alta a Dios, en nombre de todos, la oración común que concluye los ritos de introducción, haciendo la “colecta” de las intenciones individuales. Recomiendo encarecidamente a los sacerdotes que observen este momento de silencio y no vayan deprisa: “oremos”, y que se haga silencio. Se lo recomiendo a los sacerdotes. Sin ese silencio corremos el peligro de descuidar el recogimiento del alma.

El sacerdote reza esta súplica, esta oración de colecta, con los brazos abiertos y la actitud del orante, asumido por los cristianos desde los primeros siglos – como demuestran los frescos de las catacumbas romanas- para imitar a Cristo con los brazos abiertos en el madero de la cruz. Está allí. ¡Cristo es el Orante y al mismo tiempo la oración!. En el Crucificado reconocemos al Sacerdote que ofrece a Dios el culto que le agrada, es decir la obediencia filial.

En el Rito romano las oraciones son concisas, pero repletas de significado: se pueden hacer tantas meditaciones hermosas sobre estas oraciones ¡Tan bellas! Volver a meditar sobre los textos, incluso fuera de la misa, puede ayudarnos a aprender cómo acudir a Dios, qué pedir, qué palabras usar. ¡Ojalá la liturgia se convierta para todos nosotros en una verdadera escuela de oración!

 

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EPIFANÍA – HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO -6 de Enero 2018

Imagen relacionadaSon tres los gestos de los Magos que guían nuestro viaje al encuentro del Señor, que hoy se nos manifiesta como luz y salvación para todos los pueblos. Los Reyes Magos ven la estrella, caminan y ofrecen presentes.

Ver la estrella. Es el punto de partida. Pero podríamos preguntarnos, ¿por qué sólo vieron la estrella los Magos? Tal vez porque eran pocas las personas que alzaron la vista al cielo. Con frecuencia en la vida nos contentamos con mirar al suelo: nos basta la salud, algo de dinero y un poco de diversión. Y me pregunto: ¿Sabemos todavía levantar la vista al cielo? ¿Sabemos soñar, desear a Dios, esperar su novedad, o nos dejamos llevar por la vida como una rama seca al viento? Los Reyes Magos no se conformaron con ir tirando, con vivir al día. Entendieron que, para vivir realmente, se necesita una meta alta y por eso hay que mirar hacia arriba.

Y podríamos preguntarnos todavía, ¿por qué, de entre los que miraban al cielo, muchos no siguieron esa estrella, «su estrella» (Mt 2, 2)? Quizás porque no era una estrella llamativa, que brillaba más que otras. El Evangelio dice que era una estrella que los Magos vieron «salir» (vv. 2.9). La estrella de Jesús no ciega, no aturde, sino que invita suavemente. Podemos preguntarnos qué estrella seguimos en la vida. Hay estrellas deslumbrantes, que despiertan emociones fuertes, pero que no orientan en el camino. Esto es lo que sucede con el éxito, el dinero, la carrera, los honores, los placeres buscados como finalidad en la vida. Son meteoritos: brillan un momento, pero pronto se estrellan y su brillo se desvanece. Son estrellas fugaces que, en vez de orientar, despistan. En cambio, la estrella del Señor no siempre es deslumbrante, pero está siempre presente: te lleva de la mano en la vida, te acompaña. No promete recompensas materiales, pero garantiza la paz y da, como a los Magos, una «inmensa alegría» (Mt 2,10). Nos pide, sin embargo, que caminemos.

Caminar, la segunda acción de los Magos, es esencial para encontrar a Jesús. Su estrella, de hecho, requiere la decisión de ponerse en camino, el esfuerzo diario de la marcha; pide que nos liberemos del peso inútil y de la fastuosidad gravosa, que son un estorbo, y que aceptemos los imprevistos que no aparecen en el mapa de una vida tranquila. Jesús se deja encontrar por quien lo busca, pero para buscarlo hay que moverse, salir. No esperar; arriesgar. No quedarse quieto; avanzar. Jesús es exigente: a quien lo busca, le propone que deje el sillón de las comodidades mundanas y el calor agradable de sus estufas. Seguir a Jesús no es como un protocolo de cortesía que hay que respetar, sino un éxodo que hay que vivir. Dios, que liberó a su pueblo a través de la travesía del éxodo y llamó a nuevos pueblos para que siguieran su estrella, da la libertad y distribuye la alegría siempre y sólo en el camino. En otras palabras, para encontrar a Jesús debemos dejar el miedo a involucrarnos, la satisfacción de sentirse ya al final, la pereza de no pedir ya nada a la vida. Tenemos que arriesgarnos, para encontrarnos sencillamente con un Niño. Pero vale inmensamente la pena, porque encontrando a ese Niño, descubriendo su ternura y su amor, nos encontramos a nosotros mismos.

Ponerse en camino no es fácil. El Evangelio nos lo muestra a través de diversos personajes. Está Herodes, turbado por el temor de que el nacimiento de un rey amenace su poder. Por eso organiza reuniones y envía a otros a que se informen; pero él no se mueve, está encerrado en su palacio. Incluso «toda Jerusalén» (v. 3) tiene miedo: miedo a la novedad de Dios. Prefiere que todo permanezca como antes y nadie tiene el valor de ir. La tentación de los sacerdotes y de los escribas es más sutil. Ellos conocen el lugar exacto y se lo indican a Herodes, citando también la antigua profecía. Lo saben, pero no dan un paso hacia Belén. Puede ser la tentación de los que creen desde hace mucho tiempo: se discute de la fe, como de algo que ya se sabe, pero no se arriesga personalmente por el Señor. Se habla, pero no se reza; hay queja, pero no se hace el bien. Los Magos, sin embargo, hablan poco y caminan mucho. Aunque desconocen las verdades de la fe, están ansiosos y en camino, como lo demuestran los verbos del Evangelio: «Venimos a adorarlo» (v. 2), «se pusieron en camino; entrando, cayeron de rodillas; volvieron» (cf. vv. 9.11.12): siempre en movimiento.

Ofrecer. Cuando los Magos llegan al lugar donde está Jesús, después del largo viaje, hacen como él: dan. Jesús está allí para ofrecer la vida, ellos ofrecen sus valiosos bienes: oro, incienso y mirra. El Evangelio se realiza cuando el camino de la vida se convierte en don. Dar gratuitamente, por el Señor, sin esperar nada a cambio: esta es la señal segura de que se ha encontrado a Jesús, que dice: «Gratis habéis recibido, dad gratis» (Mt 10,8). Hacer el bien sin cálculos, incluso cuando nadie nos lo pide, incluso cuando no ganamos nada con ello, incluso cuando no nos gusta. Dios quiere esto. Él, que se ha hecho pequeño por nosotros, nos pide que ofrezcamos algo para sus hermanos más pequeños. ¿Quiénes son? Son precisamente aquellos que no tienen nada para dar a cambio, como el necesitado, el que pasa hambre, el forastero, el que está en la cárcel, el pobre (cf. Mt 25,31-46). Ofrecer un don grato a Jesús es cuidar a un enfermo, dedicarle tiempo a una persona difícil, ayudar a alguien que no nos resulta interesante, ofrecer el perdón a quien nos ha ofendido. Son dones gratuitos, no pueden faltar en la vida cristiana. De lo contrario, nos recuerda Jesús, si amamos a los que nos aman, hacemos como los paganos (cf. Mt 5,46-47). Miremos nuestras manos, a menudo vacías de amor, y tratemos de pensar hoy en un don gratuito, sin nada a cambio, que podamos ofrecer. Será agradable al Señor. Y pidámosle a él: «Señor, haz que descubra de nuevo la alegría de dar».

Queridos hermanos y hermanas, hagamos como los Magos, miremos hacia arriba; caminemos; ofrezcamos dones gratuitos.

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EPIFANÍA – BAUTISMO DEL SEÑOR -Ciclo B- 6 y 7 de Enero

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« EL SEÑOR DE TODOS »

(Marcos 1, 7 – 11)

EPIFANÍA DEL SEÑOR

SANTO EVANGELIO – SAN MATEO 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo. Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el Profeta: “Y tú. Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; Pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel”. Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén diciéndoles: Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que había visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron: después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

Palabra del Señor

BAUTISMO DEL SEÑOR

SANTO EVANGELIO – SAN MARCOS 1, 7-11

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

“Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y práctica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.

Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él.”

Palabra del Señor

“EPIFANÍA = MANIFESTACIÓN”

Epifanía no es fiesta de niños cristianos, como en España dicen los medios, no es día de Cabalgatas de gente disfrazada. Es la solemnidad de la Manifestación del Señor del Universo, reconocido aquel día por gente ilustre y que nosotros debemos tenerlo presente.

San Josemaría Escrivá solía considerar en esta fiesta el misterio y el gozo de la vocación recibida. Estimaba que Dios había encendido una estrella para cada uno de nosotros, una luz que brilló en la noche de nuestra vida para indicarnos una ruta que recorrer, para abrirnos un camino por el que andar, hasta llegar a Jesús y llenarnos “de inmensa alegría”.

Y un consejo siempre que salgáis de casa, no olvidéis de llevaros con vosotros algún regalo, para ofrecerlo al posible Cristo, escondido en el pobre, que os podáis encontrar por el camino.

Citas para reflexionar:

  • “Dios se ha hecho Niño para estar más cerca de nosotros”. Papa Francisco
  • “Obispos, curas y laicos no evangelizan porque no están evangelizados”. Pepe Prado-Esc. Evangelización
  • “El drama de los católicos es que nos hemos vuelto sal sosa, la causa está en la infiltración ideológica que sufrimos desde tiempos de Pio XII”  J. Manuel de Prada

Noticias de la Iglesia:

  • El Papa Francisco recordó que los pecados mortales solo pueden ser perdonados con el Sacramento de la Confesión.
  • El Papa en su Ángelus del día 31, ante 30.000 personas abogó por que: “Todos los padres son los guardianes de la vida de los niños, no son los propietarios” porque “solo Dios es el Señor de la historia individual y familiar; todo nos viene de Él” .
  • Un niño llevando sobre su espalda a su hermano muerto en el bombardeo atómico de Nagasaki (Japón) el 9 de agosto de 1945. Es la foto de choque con la que el Papa Francisco quiere hacer recapacitar ante las tensiones nucleares, del horror de la guerra.
  • El Papa ha expresado su cercanía a la comunidad copto ortodoxa de Egipto tras los atentados en Helwan, por el Daesh. Los coptos celebran la Navidad el 7 de enero, según el calendario Juliano.
  • Al menos 16 personas han muerto en el ataque realizado a la salida de misa de Año Nuevo en Nigeria.
  • El salesiano español Cristóbal López Romero ha sido nombrado por el Papa nuevo Arzobispo de Rabat.
  • El próximo encuentro europeo de la comunidad ecuménica de Taizé se celebrará en Madrid, se espera 20.000 jóvenes. Propuesta para vivir unos días festivos pidiendo la paz en Europa y la alegría de la fe.
  • 93.131 abortos no es un dato para celebrar. RedMadre se lamenta de que la sociedad vea al aborto como normal, y de que no haya una ley de apoyo a la maternidad para ayudar a las embarazadas en situación de dificultad.
  • Mons. Ginés García Beltrán ha sido nombrado  nuevo obispo de Getafe, era Obispo de Guadix.

EXPOSICIONES DE BELENES

Hasta el domingo 14 de enero se pueden visitar:

*“El misterio de la Navidad” (Iglesia: Palat del Rey, hasta el 15 de enero). HORARIO: de lunes a viernes, de 10,00 a 14,00 horas y de 17,00 a 20,00 horas. Sábados, de 10,00 a 14,00 horas.

* EXPOSICIÓN de BELENES en el Centro Comercial León Plaza (Asociación Belenista)

* EXPOSICIÓN de BELENES en el Auditorio Ciudad de León (Ayto. León)

*  Paneles sobre Historia bíblica e Historia de la Iglesia (Claustro de la Catedral).

ORACION DE LA ESTRELLA

Estrella de Belén eres signo de un acontecimiento

llamado a ser universal.

Eres tutor que lleva a un Dios escondido.

¡Párate, detente estrella divina y veloz!

Queremos vislumbrar, ya desde ahora,

a Aquel que profetas y reyes,

ángeles y pastores anunciaron y adoraron.

Gracias, Señor, ya no necesitamos más estrellas

pues, bien sabemos, que cuando hay LUZ

la LUZ ya no tiene estrellas.

Y, Tú, Señor, eres luz que apaga y esconde

todas las demás estrellas.

Amén.

“CARTA AL NIÑO JESÚS”

Jesús, soy Dani, ya me conoces.

No me aclaro con los mayores: Ayer mi papá se puso a cien porque conté a sus amigos cómo grita a mamá. ¿No es más grave hacerlo que contarlo? Él se enfada cuando lo explico y yo no puedo enfadarme cuando él lo hace.

-Me advierten de que no debo mentir. Pero mi padre fuma a escondidas y cuando me atrevo a decir una verdad como un puño, se pone furioso.

-Me dicen que es muy importante que un día en la vida vaya a comer tu “galleta”, tu pan de ángel, pero ellos solo ponen los pies en tu casa cuando se muere alguien.

-Mamá dice que debo comportarme como ella. Pero ella, cuando la llaman por teléfono para ir a una reunión de padres, siempre dice que no se encuentra bien.

-Me tratan como a un juguete: ellos son los que siempre deciden cuando pueden jugar conmigo, pero yo nunca puedo escoger el momento para jugar con ellos.

-Me dicen que es de mala educación echarse pedos en público, pero, cuando me acerco a mi madre para darle un beso, apesta a tabaco.

-A nosotros no nos dejan ser niños. Nos obligan a tirar la piedra y a esconder la mano, a ser desconfiados, a expresar lo que no sentimos…

-Cuando veas a los Reyes Magos, les pides que traigan a mi padre mucha ropa de abrigo para que pueda vestir a tantas mujeres y hombres que pasan frío en las “pelis” de su “tele”.

-Di a mis padres que ser niño no es un “defecto”, ni un bonito juguete para competir con las amistades. Diles que se respeten y me respeten, pero que no se olviden de regalarme, gratuitamente, un poco de su tiempo.

-Cuando ellos gritan “NO”, no tengo derecho a explicarme ¡porque soy un niño! Pero me explicaron que tu naciste para decirnos: “Si los mayores no os hacéis con un corazón de niño no podréis entrar en el Reino de Dios”.

Amigo Jesús, este pícaro de Dani te ha puesto muchos “deberes”. Si en algo puedo ayudarte aquí me tienes. No desearía que lo que te acabo de contar  te pasara a ti, como niño que eres. Si mis padres te cuentan algo de mí que te entristece, mándame el paje del rey negro para que me entere, ponga remedio y esté a tiempo de darles una merecida alegría.

Un abrazo de tu amigo Dani.

COMENTARIO: No nos había pasado nunca. Como por hechizo, o bajado del cielo, nos encontramos un sobre de colores ante el portal del Belén de nuestra parroquia. Lo abrimos y pudimos leer, no sin cierta dificultad (era letra de un niño) y con sorpresa, esta “Carta al Niño Jesús”. No hacemos ningún comentario, esta misiva lo dice todo.

José Perich y A. Bautista

PARA REZAR: Jesús, te traigo mi oro, pues eres mi rey. Te traigo mi incienso para ofrecértelo en sacrificio oloroso de mi vida, pues eres Dios. Te traigo mi mirra para embalsamar mi cuerpo junto al tuyo en espera de la resurrección.

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Manuel González García, Santo Obispo y Fundador, 4 de Enero

ManuelGonzalezobispo.jpg  Manuel González García, obispo de Málaga y de Palencia, fue una figura significativa y relevante de la Iglesia española durante la primera mitad del siglo XX.

El cuarto de cinco hermanos, nació en Sevilla el 25 de febrero de 1877, en el seno de una familia humilde y profundamente religiosa. Su padre, Martín González Lara, era carpintero, mientras su madre Antonia se ocupaba del hogar. En este ambiente Manuel creció serenamente y con ilusiones, que no siempre pudo ver realizadas. Sin embargo, hubo una que sí alcanzó, y que dejaría huella en su corazón: formar parte de los famosos «seises» de la catedral de Sevilla, grupo de niños de coro que bailaban en las solemnidades del Corpus Christi y de la Inmaculada. Ya entonces su amor a la Eucaristía y a María Santísima se consolidaron.

La vivencia cristiana de su familia y el buen ejemplo de sacerdotes le llevaron a descubrir su vocación. Sin previo aviso a sus padres, se presentó al examen de ingreso al seminario. Ellos acogieron esta sorpresa del hijo con aceptación de los caminos de Dios. Manuel, consciente de la situación económica en su casa, pagó la estancia de sus años de formación trabajando como fámulo.

Finalmente llegó el esperado 21 de septiembre de 1901, fecha en la que recibió la ordenación sacerdotal de manos del beato cardenal Marcelo Spinola. En 1902 fue enviado a dar una misión en Palomares del Río, pueblo donde Dios le marcó con la gracia que determinaría su vida sacerdotal. Él mismo nos describe esta experiencia. Después de escuchar las desalentadoras perspectivas que para la misión le presentó el sacristán, nos dice: «Fuime derecho al Sagrario… y ¡qué Sagrario, Dios mío! ¡Qué esfuerzos tuvieron que hacer allí mi fe y mi valor para no salir corriendo para mi casa! Pero, no huí. Allí de rodillas… mi fe veía a un Jesús tan callado, tan paciente, tan bueno, que me miraba… que me decía mucho y me pedía más, una mirada en la que se reflejaba todo lo triste del Evangelio… La mirada de Jesucristo en esos Sagrarios es una mirada que se clava en el alma y no se olvida nunca. Vino a ser para mí como punto de partida para ver, entender y sentir todo mi ministerio sacerdotal». Esta gracia irá madurando en su corazón.

En 1905 es destinado a Huelva. Se encontró con una situación de notable indiferencia religiosa, pero su amor e ingenio abrieron caminos para reavivar pacientemente la vida cristiana. Siendo párroco de la parroquia de San Pedro y arcipreste de Huelva, se preocupó también de la situación de las familias necesitadas y de los niños, para los que fundó escuelas. Por entonces publicó el primero de sus numerosos libros: Lo que puede un cura hoy, que se convirtió en punto de referencia para los sacerdotes.

El 4 de marzo de 1910, ante un grupo de fieles colaboradoras en su actividad apostólica, derramó el gran anhelo de su corazón. Así nos lo narra: «Permitidme que, yo que invoco muchas veces la solicitud de vuestra caridad en favor de los niños pobres y de todos los pobres abandonados, invoque hoy vuestra atención y vuestra cooperación en favor del más abandonado de todos los pobres: el Santísimo Sacramento. Os pido una limosna de cariño para Jesucristo Sacramentado… os pido por el amor de María Inmaculada y por el amor de ese Corazón tan mal correspondido, que os hagáis las Marías de esos Sagrarios abandonados».

Así, con la sencillez del Evangelio, nació la «Obra para los Sagrarios-Calvarios». Obra para dar una respuesta de amor reparador al amor de Cristo en la Eucaristía, a ejemplo de María Inmaculada, el apóstol san Juan y las Marías que permanecieron fieles junto a Jesús en el Calvario.

La gran familia de la Unión Eucarística Reparadora, que se inició con la rama de laicos denominada Marías de los Sagrarios y Discípulos de san Juan, se extendió rápidamente y don Manuel abrió camino, sucesivamente a la Reparación Infantil Eucarística en el mismo año; los sacerdotes Misioneros Eucarísticos en 1918; la congregación religiosa de Misioneras Eucarísticas de Nazaret en 1921, en colaboración con su hermana María Antonia; la institución de Misioneras Auxiliares Nazarenas en 1932; y la Juventud Eucarística Reparadora en 1939.

La rápida propagación de la Obra en otras diócesis de España y América, a través de la revista «El Granito de Arena», que había fundado años atrás, le impulsó a solicitar la aprobación del Papa. Don Manuel llegó a Roma a finales de 1912, y el 28 de noviembre fue recibido en audiencia por Su Santidad Pío X, a quien fue presentado como «el apóstol de la Eucaristía». San Pío X se interesó por toda su actividad apostólica y bendijo la Obra.

Su entrega generosa y la vivencia auténtica del sacerdocio son, sin duda, el motivo de la confianza que el Papa Benedicto XV deposita en él, nombrándolo obispo auxiliar de Málaga; recibe la ordenación episcopal el 16 de enero de 1916. En 1920 fue nombrado obispo residencial de esa sede, acontecimiento que decidió celebrar dando un banquete a los niños pobres, en vez de a las autoridades; estas, junto con los sacerdotes y seminaristas, sirvieron la comida a los tres mil niños.

Como pastor de la diócesis malagueña, inició su misión tomando contacto con la grey que se le había encomendado para conocer sus necesidades. Al igual que en Huelva, potenció las escuelas y catequesis parroquiales, practicó la predicación callejera conversando con todo el que se encontraba de camino… y descubrió que la necesidad más urgente era la de sacerdotes. Este problema debía afrontarse desde la situación del seminario, la cual era lamentable. Con una confianza sin límites en la mano providente del Corazón de Jesús, emprendió la construcción de un nuevo seminario que reuniese las condiciones necesarias para formar sacerdotes sanos humana, espiritual, pastoral e intelectualmente. Sueña y proyecta «un seminario sustancialmente eucarístico. En el que la Eucaristía fuera: en el orden pedagógico, el más eficaz estímulo; en el científico, el primer maestro y la primera asignatura; en el disciplinar el más vigilante inspector; en el ascético el modelo más vivo; en el económico la gran providencia; y en el arquitectónico la piedra angular».

A sus sacerdotes, al igual que a los miembros de las diversas fundaciones que realizó, les propondrá como camino de santidad «llegar a ser hostia en unión de la Hostia consagrada», que significa «dar y darse a Dios y en favor del prójimo del modo más absoluto e irrevocable».

Manuel González no escatima esfuerzos para mejorar la situación humana y espiritual de su diócesis. Su ingente actividad hace que no pase desapercibido, y con la llegada de la República a España su situación se hace delicada. El 11 de mayo de 1931 el ataque es directo, le incendian el palacio episcopal y ha de trasladarse a Gibraltar para no poner en peligro la vida de quienes lo acogen. Desde 1932 rige su diócesis desde Madrid, y el 5 de agosto de 1935 el Papa Pío XI lo nombra obispo de Palencia, donde entregó los últimos años de su ministerio episcopal.

También hay que destacar, durante todos los años de su actividad pastoral, la fecundidad de su pluma. Con estilo ágil, lleno de gracia andaluza y de unción, transmitió el amor a la Eucaristía, introdujo en la oración, formó catequistas, guió a los sacerdotes. Entre sus libros, destacamos: El abandono de los Sagrarios acompañados, Oremos en el Sagrario como se oraba en el Evangelio, Artes para ser apóstol, La gracia en la educación, Arte y liturgia, etc. Escritos que por su gran difusión se han recopilado en la reciente edición de sus Obras Completas.

Los últimos años su salud empeora notablemente, prueba que vive de modo heroico, sin perder la sonrisa de su rostro siempre amable y acogedor, y la aceptación de los designios del Padre. El 4 de enero de 1940 entregó su alma al Señor y fue enterrado en la catedral de Palencia, donde podemos leer el epitafio que él mismo escribió: «Pido ser enterrado junto a un Sagrario, para que mis huesos, después de muerto, como mi lengua y mi pluma en vida, estén siempre diciendo a los que pasen: ¡Ahí está Jesús! ¡Ahí está! ¡No lo dejéis abandonado!».

El milagro para la beatificación

El milagro tuvo lugar en el pueblecito palentino de Requena de Campos, en diciembre de 1953 y en la persona de Sara Ruiz Ortega, que entonces tenía 18 años. Estaba deshauciada por los médicos a causa de una gravísima peritonitis tuberculosa, que la había dejado paralítica. Un sacerdote fue a por la reliquia de don Manuel a la casa de Nazaret de Palencia e hizo que se la pusieran bajo la almohada, sin que ella lo supiera, y comenzaron una novena de oración a Dios por la intercesión de don Manuel González. A partir de ese momento, y de forma absolutamente inexplicable para la ciencia médica, se produjo un cambio brusco y radical en el estado de la enferma que, pocos días después, tras cinco años de gravísima enfermedad, se levantaba y hacía vida normal. (Fuente EWTN)

Milagro para la canonización

Se trata de la curación inexplicable en 2008 de una mujer de Madrid que sufría un linfoma agresivo. Un sacerdote palentino, Francisco Teresa León, antiguo párroco de Requena de Campos, que actualmente ejerce en Madrid, entregó al marido de la mujer una novena y una reliquia para encomendarse al -hasta ese momento- beato. «De repente y sin tratamiento alguno, la mujer se curó», ha relatado la religiosa nazarena Ana María Palacios, vicepostuladora de la causa de canonización.

El día 4 de marzo de 2016 el Papa Francisco autorizó la promulgación del decreto reconociendo el milagro, por lo que tan sólo falta la celebración litúrgica de canonización, misma que se efectuará el domingo 16 de octubre de 2016.

ORACIÓN
Corazón de Jesús Sacramentado,
que te dignaste elegir a tu siervo Manuel para ser el apóstol
de tus Sagrarios abandonados,
consagrando su vida entera a reparar esos abandonos,
dándote y buscándote amorosa, fiel y reparadora compañía en el Santísimo Sacramento;
por aquella fidelidad con que te sirvió durante toda su vida
y por el celo ardiente con que procuró tu mayor gloria,
mediante la educación cristiana de los niños pobres,
la formación de sacerdotes santos
y la aproximación de todos a Ti en la sagrada Eucaristía,
te rogamos humilde y fervorosamente,
que si te agradan sus méritos y virtudes,
te dignes aceptar nuestras súplicas
y concedernos por su intercesión,
la gracia que de todo corazón te pedimos
si ha de ser para mayor gloria de Dios,
advenimiento de tu reino eucarístico,
honor de tu Madre Inmaculada,
exaltación de tu fidelísimo siervo
y provecho de nuestras almas.
Amén.

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SANTA MARÍA MADRE DE DIOS – 1 Enero

MADRE PACÍFICA

Comenzamos el año con la celebración de MARÍA, MADRE DE DIOS, la Theotokos, es el título clave y más importante de la Virgen María. Todo lo demás ha venido dado por ser la Madre de Dios. A Jesús siempre lo encontramos en brazos de María, en Belén, en Nazaret, junto a la cruz. La vida de María siempre es entrega a su Hijo. No vive más que para dar a Jesús a una humanidad que lo necesita para poder vivir y ser una familia.

Allí, en el portal de Belén, encontramos a la Madre de Dios alentando la esperanza, mostrando a su Hijo en un pesebre, donde nos recuerda que se quedará por nosotros en la Eucaristía, como comida y bebida de salvación.

Ella nos da la Paz, que es Jesús, el Príncipe de la Paz, que Ella anuncia como peregrina de la fe,  desde Nazaret a Belén, desde Belén al Calvario.

Existen, en el Evangelio, dos anuncios de la Paz, anuncio matutino, temprano, al inicio de la vida de Jesús. Es la Paz del inicio de la vida, de la ternura. Es la Paz que brota como aroma de la cueva de Belén, casa del pan, significa literalmente y nos recuerda que aquí, en Belén, se “cuece” Jesús, el pan de nuestra salvación. Es la Paz del amanecer que anuncian los ángeles y que se anuncia como Buena Noticia a los pobres, a los que sufren. Es como la acogida de la fe y de Jesús con la paz de nuestro despertar religioso a la vida cristiana.

También se habla al final del Evangelio de otra Paz, la paz vespertina, la paz con la que saluda Jesús en el cenáculo después de morir y resucitar. Es la Paz a la cual se llega después de un duro combate. Es una Paz que se ha logrado y conseguido después de sudor, lágrimas y sangre. La Madre Pacífica, la Madre de Dios vive plenamente las dos paces, la matutina y la vespertina.

Santa María de la Paz, la Madre de Dios, está presente siempre alentando la alegría y la paz, aún desde el amanecer de nuestra vida, desde la Navidad hasta el Misterio Pascual de muerte y resurrección, la auténtica y verdadera Paz sigue siendo el fruto maduro de una vida cristiana vivida con los sentimientos del Corazón de Cristo.

Madre Pacífica, Madre de Dios, ayúdanos a sembrar hasta el último rincón de la tierra de la paz que se desprende del Nacimiento de Jesús en Belén.

+Francisco Cerro Chaves – Obispo de Coria-Cáceres

Oración a Santa   María, Madre de Dios

Dios te salve María,

llena eres de gracia

El Señor es contigo,

bendita tu eres entre todas las mujeres,

y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María Madre de Dios,

ruega por nosotros pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte,

Amén

ORACIÓN PARA EL NUEVO AÑO 2008

Te damos gracias, señor, por el año 2017 que ha terminado,

Ilumina, Señor, el que ahora iniciamos, 2018.

Te damos gracias, Señor, porque nos das otra oportunidad,

Haz que no te perdamos en ninguno de los meses que vamos a vivir

Te damos gracias, Señor, porque nos haces instrumentos de tu paz,

Que no olvidemos pedir tu ayuda cuando asome el pesimismo

Te damos gracias, Señor, porque Tú eres el Dueño del tiempo,

Que seamos relojes empujados y alentados por tu mano

Te bendecimos, Señor, porque conoces nuestra vida pasada,

Y te bendecimos, Señor, porque guiarás la futura

Te bendecimos, Señor, porque pasas o detienes el calendario,

Que vivamos con amor y fe todas y cada una de sus jornadas

Te bendecimos, Señor, porque Tú elaboras, construyes y levantas,

Que en estos próximos meses lo hagas realidad a través de nuestras manos

Te bendecimos, Señor, por tu Madre y Madre nuestra, María,

Que nos ayude a olvidar lo malo del año precedente

Y a prepararnos con amor de Madre, en el presente y en el mañana.

¡Gracias, por la vida, Señor!

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