VI DOMINGO DE PASCUA -Ciclo A- 21 de Mayo

“EL QUE ME AMA SERÁ AMADO POR MI PADRE”

(Juan 14, 15-21) 

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO 

 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Palabra del Señor                              

 “EL QUE AMA A CRISTO VIVE SEGÚN EL ESPÍRITU”

Vivimos en un mundo en el que las esperanzas que predican los medios de comunicación son casi siempre esperanzas políticas, o económicas, o deportivas. En esta situación, los cristianos de hoy, cuando predicamos nuestra esperanza cristiana debemos hacerlo con mansedumbre y en buena conciencia. No se trata de avasallar, o despreciar las esperanzas mundanas de cada día, sino de saber establecer un orden de esperanzas. Lo primero para los cristianos es la esperanza cristiana; es la que debe apoyar y fundamentar todas nuestras otras esperanzas.  El mundo en el que nosotros vivimos no es más difícil para los cristianos de hoy que el mundo en el que vivía san Pedro y los primeros cristianos de su época. Si también nosotros tenemos que sufrir por hacer el bien, hagámoslo en nombre de nuestro Señor Jesús, como hicieron los primeros cristianos.

La palabra “paráclito” es un término jurídico para designar al abogado defensor. Con su ayuda es posible vivir desde el amor y mantener nuestra esperanza.

Citas para reflexionar:

  • “La Eucaristía es el alimento de la familia” Papa Francisco
  • “¡Oh Señor que eres tan adorable y me has mandado amarte!, ¿por qué me diste un solo corazón y tan pequeño?” San Felipe Neri
  • “Si en medio de las adversidades persevera el corazón con serenidad, con gozo y con paz, esto es amor” Santa Teresa de Jesús
  • “« Nunca lo olvidemos, el simple deseo de Dios es ya el comienzo de la fe»” Taize
  • “Ama y haz lo que quieras” San Agustín

Efemérides y noticias:

  • El viaje de 23 horas del Papa  Francisco a Fátima, ha sido para mostrar la auténtica devoción mariana. Un peregrinaje de esperanza y paz, tras los pasos de Francisco y Jacinta.
  • El Papa expresó su opinión sobre Medjugorje, en el viaje de vuelta a Roma, distinguió entre las primeras apariciones en 1981 y las que hoy aseguran recibir los videntes.
  • Cada vez más parroquias españolas se están atreviendo a cruzar la calle para buscar a los alejados, y a motivar a los laicos para evangelizar.
  • El P. Antonio España S J ha sido nombrado nuevo provincial de los jesuitas en España.
  • El diario del Vaticano L´Osservatore Romano teme una guerra civil en Venezuela ante la dramática situación que vive el país.

Formas de idolatría en nuestra sociedad moderna

6.- El alcohol: ¡Es fin de semana y el cuerpo lo sabe! ¿Podría ser que realmente estés obsesionado con el alcohol? ¿Mientras estás trabajando estás pensando en llegar a casa salir con los amigos, y solo tomar hasta el punto de emborracharte totalmente?

Detente y haz un examen de conciencia. ¿Te ayudará eso en tu matrimonio? ¿Te ayudará esto hacer un mejor padre? ¿Te ayudará eso tener una mejor relación con Dios? Si no es así, ¡es momento de cambiar antes que sea demasiado tarde! Ya no es “Fin de Semana” de amigos; mejor que sea tiempo de Dios y la familia.

ORACIÓN: NECESITAMOS DE TI, SEÑOR

 Para no vivir desunidos ni enfrentados

Porque podemos olvidarte

Para seguir tus caminos

Porque no queremos vivir de espaldas a Ti

¿Quién nos dará vida e ilusión?

¿Cómo encontrar fuerza para seguir adelante?

¿Dónde está el secreto de tu persona?

Somos débiles, y Tú lo sabes

Somos contradictorios, y Tú nos conoces

Somos “si” pero “no”, y Tú nos quieres

No dejes que recordarnos tus mandatos

No dejes de hablarnos con tu Palabra

No dejes de animarnos con el Espíritu

No dejes de alimentarnos con la Eucaristía      AMEN

“UNA MARGARITA ATREVIDA”

En un prado Dios sembró un jardín de margaritas. Se creían las más bellas del mundo. Un día el viento trajo hasta el prado, de parte de Dios, una pequeña semilla desconocida. Al principio nadie se dio cuenta. Cuando sus hojas empezaron a desplegarse fue cuando las margaritas se dieron cuenta de que alguien  diferente había llegado y no paraban de hacerle preguntas.

– ¿De dónde vienes? ¿Éste es tu sitio?

– Soy una flor como vosotras. Vengo de otro prado donde hay muchas amapolas como yo. También hay margaritas como vosotras.

 – ¡Qué rojos son tus pétalos y extrañas tus hojas! ¡Qué triste debes estar de no poder ser una margarita como nosotras! – una tras otra le iban diciendo con un tono compasivo.

La amapola no respondió. “En mi país – se decía ella misma – nunca me habían hablado de esta manera”. Tan solo por la noche cuando todas se habían encerrado en su dormitorio verde, la amapola lloró.

El día siguiente una margarita, con toda la buena intención, le propuso:

– Tú sabes que Dios, nuestro Creador, puede hacer  grandes milagros. Con mis hermanas le  vamos a pedir que te haga una margarita como nosotras.

– No hagáis esta petición al Todopoderoso. ¡Él me hizo amapola y… amapola quiero permanecer siempre!

Se hizo un gran silencio en el prado. Fue una margarita, de las más pequeñas que tímidamente rompió el silencio:

– ¡Perdónanos, amapola, por el sufrimiento que te hemos  causado!

Aquel día, desde aquel prado, subió al cielo una plegaria diferente.

REFLEXIÓN: El otro día un señor muy “normal” con cara triste, me vino a ver. Me estaba contando sus contrariedades y sus problemas. Alguien llama a la puerta y entra Antonio. Algunos afirman que tiene el síndrome de Down, aunque para mí es Antonio. Es una persona tranquila, feliz, alegre. Me coge la mano y me dice “buenos días”. Después coge la mano del señor “normal”, le dice “buenos días” y se fue sonriendo. El  señor “normal” se gira hacia mí y me dice: ¡Qué pena que haya chicos como este! En realidad, lo más triste era que el señor “normal” era ciego, ciego por sus prejuicios y su tristeza que lo hacían incapaz de ver la belleza, la sonrisa y la alegría de Antonio”. (Jean Vanier).

A menudo vamos por la vida mirando las personas sólo con las gafas de lo que a mí me preocupa. El riesgo es evidente: valorar a los demás por el provecho que se pueda sacar de ellos. Luego, un discapacitado, un enfermo, un anciano, uno en el paro… lo más lejos posible, la persona “diferente” podría desestabilizar mi “normalidad”, me puede causar un problema, sobre todo si no la conozco

La amapola del cuento va a “descolocar” aparentemente aquellas autosuficientes margaritas. Le costó tiempo y lágrimas pero consiguió finalmente que se “descentraran de ellas”. En su corazón desplazaron el “yo” por el “tú”. Se dieron cuenta de la riqueza de la diversidad compartida.  ¿La “amapola” desestabilizadora de la historia humana no podría haber sido Jesús de Nazaret? Y aquella primera comunidad de sus discípulos, conmocionados por la vivencia del Resucitado, ¿no podría haber sido la primavera emblemática de Dios para toda la humanidad? “Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse” (Hch 2,4).

José Perich y A. Bautista

 

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HOMILÍA DEL PAPA EN SANTA MARTA – 18 de Mayo

El amor de Jesús no tiene límite, a diferencia de los amores mundanos que buscan poder y vanidad. Y el cristiano debe transmitir alegría a la gente porque el amor de Dios el en centro de la vida de un cristiano.

Esta fue la idea central de la homilía del papa Francisco en la Casa Santa marta durante la misa matutina de este jueves.

Jesús nos pide que permanezcamos en su amor “porque es el amor del Padre”, a la vez que nos invita a poner en práctica sua mandamientos. Y si bien los diez mandamientos son la base, el fundamento, es necesario seguir “todas las cosas que Jesús nos ha enseñado, estos mandamientos de la vida cotidiana”, que representan “un modo de vivir cristiano”.

El sucesor de Pedro añadió que son muchos los mandamientos de Jesús, si bien el núcleo es uno: “el amor del Padre hacia Él y el amor de Él hacia nosotros”.

“También el mundo nos propone otros amores: el amor al dinero, por ejemplo; el amor a la vanidad, pavonearse; el amor al orgullo; el amor al poder, y también haciendo tantas cosas injustas para tener más poder… Son otros amores, éstos no son de Jesús, ni son del Padre. Él nos pide que permanezcamos en su amor, que es el amor del Padre”.

Invitó a pensar también “en estos otros amores que nos alejan del amor de Jesús. Además, hay otras medidas para amar: amar a medias, y esto no es amar. Una cosa es querer y otra cosa es amar”.

Por ello indicó el Papa “amar es más que querer”. Y se preguntó: ¿“Cuál es la medida del amor?”, “la medida del amor es amar sin medida” y cumpliendo estos mandamientos que Jesús nos ha dado, “permaneceremos en el amor de Jesús que es el amor del Padre, es el mismo. Sin medida. Sin este amor tibio o interesado”.

“El gran amor a Él es permanecer en este amor. Y añadió que el “amor y la alegría son un don”, dones que debemos pedir al Señor.

El Pontífice recordó que de reciente un sacerdote elevado a obispo le comentó esta noticia a su papá, un anciano obrero pero con la sabiduría de la vida, quien le aconsejó: ‘Obedece y da alegría a la gente’.

“Nuestra misión cristiana es dar alegría a la gente” dijo el Pontífice, indicando la oración apenas rezada: “Que el Señor cuide este don de permanecer en el amor de Jesús para poder dar alegría a la gente”.

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SAN PASCUAL BAILÓN – 17 de Mayo

LienzoS Pascual.jpg      Nació el 16 de mayo (también se señala el 17) de 1540 en la vigilia de Pentecostés, de ahí su nombre de Pascual, en la localidad de Torrehermosa, Zaragoza, España. Fue el segundo de seis hijos. Sus padres Martín e Isabel eran humildes agricultores y no pudieron costearle estudios. Por eso a los 7 años comenzó a trabajar como pastor, oficio que mantuvo hasta los 24. Pero era listo; fue autodidacta y aprendió a leer juntando las letras. Era alegre, parco en palabras, respetuoso, sincero, humilde y generoso, entre otras virtudes que ya se destacaron durante su infancia. Con cierta timidez en algunos momentos, como todos los niños hizo sus travesuras, aunque la que se recuerda está relacionada con el ideal religioso al que se abrazaría. En el transcurso de una visita a un primo que se hallaba enfermo y que vestía de ordinario un hábito, no se le ocurrió otra cosa que ponérselo. No era la primera vez que le había llamado la atención añorando tener uno igual, así que vio la oportunidad y la aprovechó. Mucho costó a los suyos que se desprendiera de él, pero cuando lo hizo advirtió que de mayor sería fraile. Como tantas personas también tenía tendencias que sin ser inmorales podrían haberle impedido alcanzar la perfección, pero las fue transformando progresivamente.

Era de complexión robusta y desde niño se sintió atraído por las penitencias. No existían para él «mentiras piadosas», supo elegir el mejor bocado para los demás, nunca se avergonzó de su humilde sayal, que prefería remendado a que fuese nuevo, no tuvo nada para sí, y buscó cumplir siempre la voluntad de Dios antes que la suya. No puede juzgarse como pueril su gran sentido de la justicia, sino fruto de su sensibilidad espiritual. Así cuando las ovejas pastaban en un campo ajeno, con su corto salario abonaba al dueño lo que hubieran podido esquilmarle. El amo del ganado que pastoreó en Alconchel le tomó gran afecto. Incluso pensó hacerle su heredero, pero Pascual había decidido ser fraile a toda costa y renunció a los bienes.

Uno de sus amigos con los que compartía el mismo oficio era Juan de Aparicio. Ambos unían sus oraciones para elevarlas al Santísimo y a la Virgen entonando cánticos mientras Pascual tocaba el rabel que él mismo había fabricado. Bien cumplidos sus 18 años trabajó en Monforte del Cid y Elche (ambas localidades de Alicante), donde conoció a los franciscanos alcantarinos. Fue la primera vez que tuvo cerca la vida religiosa. Pero siguió cuidando las ovejas. Se detenía con el rebaño en un lugar donde pudiera vislumbrar el campanario de alguna iglesia. Así lo hizo con la ermita de Nuestra Señora de la Sierra en Alconchel, y la de Nuestra Señora de Loreto en Orito, a cuyo dintel solía ir de noche a orar esperando el clarear del día para asistir a la misa. El propietario del ganado que cuidaba sabía bien lo que significaba para él poder participar en ella entre semana. Porque lo peculiar de Pascual desde temprana edad fue su extraordinario amor por la Eucaristía. Incluso hallándose en el campo adoraba al Santísimo.

En una ocasión, en el instante de la consagración anunciada por el alegre repique de campanas, los pastores que trabajaban cerca de él le escucharon decir: «¡Ahí viene!, ¡allí está!», mientras se hincaba de rodillas. Le había sido concedido la gracia de ver el Cuerpo de Cristo. Muchos hechos extraordinarios le acontecían. No le agradaba estar en la palestra, y sin embargo, instado por una fuerza interior no podía evitar ciertas manifestaciones externas de su gozo que, por ser inusuales, llamaban la atención de quienes las veían. Además, los favores sobrenaturales que recibía eran visibles para otros.

A los 24 años pidió ingreso en el convento de los Frailes Menores de Orito, Valencia, aunque le desviaron a Elche donde se hallaba la persona que debía acogerle. Profesó en 1564 y fue trasladado a Orito donde fue limosnero. Después estuvo destinado en Villarreal, Jumilla, Almansa, Valencia, entre otras. Por cualquiera de las localidades que atravesaba siempre halló un momento para visitar al Santísimo. Le encomendaron diversos menesteres; fue portero, cocinero, mandadero y barrendero. Dormía acurrucado contra la pared y le agradaba sentarse en cuclillas. Las dificultades que se presentaban en la convivencia las solventaba con buen sentido del humor y caridad.

Nunca perdía el tiempo. Al igual que había llenado las horas mientras ejercía el pastoreo con oraciones, composiciones para María, la confección de rosarios o de algún instrumento musical, en los pequeños instantes de asueto que surgían en la vida conventual se le podía ver rezando y adorando la Eucaristía con los brazos en cruz. Buscaba el modo de ayudar a los sacerdotes en misa para estar más cerca del Santísimo, al que dedicó hermosísimas oraciones, y proseguía su adoración entrada la noche, llegando a la capilla antes que el resto de la comunidad.

Tuvo que ir a París a entregar una carta al general de la Orden, padre Cristóbal de Cheffontaines, y en el trayecto defendió con bravura la fe en la Eucaristía frente a los calvinistas que le salieron al paso, y que le atacaron. Apenas sabía leer y escribir, pero cuando se trataba de hablar de la presencia de Cristo en la Eucaristía, no había quien le ganara. Era capaz de penetrar con hondura, agudeza y juicio cierto en cuestiones de índole teológica. Falleció en Villarreal, Castellón, el 17 de mayo de 1592, Domingo de Pentecostés, escuchando el tañido de la campana que avisaba de la elevación de la Eucaristía en la Santa Misa. Al confirmarlo, musitó: «¡Ah que hermoso momento!», y a renglón seguido entregó su alma a Dios. Durante el funeral el ataúd estaba abierto, y mientras el oficiante realizaba la doble elevación abrió y cerró sus ojos en dos ocasiones. Se le han atribuido numerosos milagros en vida y después de muerto. Pablo V lo beatificó el 29 de octubre de 1618. Y Alejandro VIII lo canonizó el 16 de octubre de 1690. León XIII lo declaró patrono de las asociaciones y congresos eucarísticos.

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HOMILÍA DEL PAPA EN SANTA MARTA – 16 de mayo

“Les dejo la paz, les doy mi paz”

La paz verdadera no podemos fabricarla nosotros. Es un don del Espíritu Santo. “La paz que nos ofrece el mundo es una paz sin tribulaciones; nos ofrece una paz artificial”, una paz que se reduce a una “tranquilidad”.

Lo afirmó el Santo Padre en su homilía de este martes en la misa de la Casa de Santa Marta, en la que añadió: “Una paz sin la Cruz no es la paz de Jesús” y recordó que sólo el Señor puede darnos la paz en medio de las tribulaciones.

Francisco desarrolló su reflexión a partir de las palabras que Jesús dirigió a sus discípulos en la Última Cena: “Les dejo la paz, les doy mi paz”.

El Papa se detuvo en el significado de la paz que otorga el Señor, valiéndose también de la luz que arroja el pasaje de los Hechos de los Apóstoles en la Primera lectura del día de hoy, que narra las muchas tribulaciones sufridas por Pablo y Bernabé en sus viajes para anunciar el Evangelio.

“¿Esta es la paz que da Jesús?”, se preguntó el Papa. Y de inmediato indicó que Jesús resalta que la paz que Él dona no es como la que da el mundo. El mundo quiere una paz anestesiada para no hacernos ver la Cruz

“La paz que nos ofrece el mundo es una paz sin tribulaciones; nos ofrece una paz artificial”, una paz que se reduce a una “tranquilidad”. Y una paz “que sólo mira a las cosas propias, a las propias seguridades, que no falte nada”, un poco como era la paz del rico Epulón.

Una tranquilidad que nos vuelve “cerrados”, que hace que no se vea “más allá”:

“El mundo nos enseña el camino de la paz con la anestesia: nos anestesia para no ver la otra realidad de la vida: la Cruz. Por esto Pablo dice que se debe entrar en el Reino del cielo en el camino con tantas tribulaciones. Pero, ¿se puede tener paz en la tribulación?

Por nuestra parte, no: nosotros no somos capaces de hacer una paz que sea tranquilidad, una paz psicológica, una paz hecha por nosotros, porque las tribulaciones existen: quien tiene un dolor, quien una enfermedad, quien una muerte…

La paz que da Jesús es un regalo: es un don del Espíritu Santo. Y esta paz va en medio de las tribulaciones y va adelante. No es una especie de estoicismo, eso que hace el faquir: no. Es otra cosa”.

La paz de Dios es “un don que nos hace ir adelante”. Y añadió que Jesús, después de haber donado la paz a los Discípulos, sufre en el Huerto de los Olivos y allí “ofrece todo según la voluntad del Padre y sufre, pero no le falta el consuelo de Dios”.

De hecho, el Evangelio narra que “vino un ángel del cielo a consolarlo”. “La paz de Dios es una paz real, que penetra en la realidad de la vida, que no niega la vida: la vida es así. Está el sufrimiento, están los enfermos, hay tantas cosas feas, están las guerras… pero esa paz que viene de adentro, que es un regalo, no se pierde, sino que se va adelante llevando la Cruz y el sufrimiento. Una paz sin Cruz no es la paz de Jesús: es una paz que se puede comprar. Podemos fabricarla nosotros. Pero no es duradera: se termina”.

El Evangelio, en efecto, narra que “le apareció un ángel del cielo para consolarlo”.

Cuando uno se enfada, notó, “pierde la paz”. Cuando mi corazón “se turba, es porque no estoy abierto a la paz de Jesús”, porque no soy capaz “de seguir adelante en la vida como viene, con las cruces y los dolores que vienen”. En cambio, debemos ser capaces de pedir la gracia, de pedir al Señor su paz. ‘Debemos entrar en el Reino de Dios a través de muchas tribulaciones’. La gracia de la paz, de no perder aquella paz interior.

Un Santo, hablando de esto decía: ‘La vida del cristiano es un camino entre las persecuciones del mundo y las consolaciones de Dios’ [San Agustín, De Civitate Dei XVIII, 51]. Que el Señor nos haga comprender bien cómo es esta paz que Él nos regala con el Espíritu Santo”.

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V DOMINGO DE PASCUA -14 de Mayo

“YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA”

(Juan 14, 1-12)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto». Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre».

Palabra del Señor        

 “EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA”

La tarea principal de la Iglesia es justamente anunciar a Jesucristo como camino, verdad y vida. Reconocerlo como “Camino” supone aceptarlo como la mediación necesaria para llegar al Padre; mirarlo como “Verdad” lleva a huir de cualquier tipo de relativismo, tan arraigado en nuestra sociedad contemporánea; percibirlo como “Vida” nos da la capacidad de mirar nuestro destino definitivo a la luz de quien ya ha vencido a la muerte y, por eso mismo, puede darnos parte en su resurrección.

Seguir a Jesús no es fácil, hay dificultades externas: la incomprensión de los nuestros, la sociedad secularizada, la persecución, la burla hacia lo religioso, la  indiferencia reinante en el ambiente… Los cristianos de todos los tiempos han tenido también estas dificultades. Solo creyendo en Cristo y permaneciendo unidos a Él es posible continuar su acción ininterrumpida en la historia.

 Citas para reflexionar:

  • “La búsqueda de la unidad entre cristianos es una urgencia a la cual, hoy más que nunca, no podemos escapar” Papa Francisco
  • “Si eres lo que tú tienes, y pierdes lo que tienes, ¿entonces quién eres?” Eric Fromm
  • “En el silencio Él nos escucha; en el silencio Él habla a nuestras almas. En el silencio se nos concede el privilegio de escuchar su voz” Santa T. de Calcuta
  • “En la Eucaristía «Cristo nos recibe a cada uno de nosotros»” San Juan Pablo II
  • “Es mejor ser cojo en el camino, que un atleta fuera de él” San Agustín

Efemérides y noticias:

  • Este viernes y sábado el papa Francisco estará en el santuario de Fátima en Portugal, viaje apostólico definido por él como una peregrinación.
  • El Santo Padre envía un mensaje a Tawadros II con motivo de la jornada de amistad entre coptos ortodoxos y católico.
  • Cáritas Huelva convoca a los políticos a buscar soluciones a los asentamientos de temporeros, de 700 a 2000 personas, malviven en ellos todo el año.
  • La Iglesia tiene siete  nuevos beatos del «Holocausto Católico» en España, todos misioneros del Sagrado Corazón, tenían entre 20 y 28 años cuando fueron fusilados, entregaron su vida en defensa de la fe. En la catedral de Gerona el cardenal Amato presidió la celebración.
  • El 21 de octubre serán beatificados en la Sagrada Familia de Barcelona, 109 mártires claretianos.
  • 40.000 personas salen a la calle en Valencia en protesta contra la eliminación de conciertos de enseñanza en  el Bachiller y el cierre de aulas.

Formas de idolatría en nuestra sociedad moderna

4.- El consumismo: El Black Friday es famoso por personas haciendo largas colas para luego entrar a la tienda en estampida, ¡y comprar a los mejores precios regalos para la navidad! ¡Nuestras posesiones no pueden poseernos! ¡A menudo les damos a las cosas más valor que a las personas!

5.- Vestimenta poco pudorosa: Con respecto al vestido, si un hombre o una mujer se visten de manera provocativa, esto también puede ser una forma de idolatría moderna, y de hecho una tentación ¡o fuente de tentación para que alguien más caiga en el pecado! San Pablo nos recuerda que debemos de respetar nuestros cuerpos porque ellos son templos del Espíritu Santo.

ORACIÓN: ERES CAMINO, VIDA Y VERDAD

En un mundo despistado y  perdido

En un mundo donde falta  ilusión y alegría

ERES  CAMINO, VIDA Y VERDAD

En una tierra donde se  escuchan muchas mentiras

En una sociedad preocupada y  con temores

ERES  CAMINO, VIDA Y VERDAD

En una familia que quiere  amarte y seguirte

En una Iglesia que te  pregona y te ama

ERES  CAMINO, VIDA Y VERDAD

Ante tantos mensajes que nos  ciegan

Tú, Jesús, sólo Tú, Jesús….

ERES  CAMINO, VIDA Y VERDAD

FATIMA 

Fátima es uno de esos lugares destacados, especialmente en la historia contemporánea de la Iglesia, en los que se hace realidad la súplica y alabanza a la Madre de Dios preanunciada por ella misma.  Es un hecho innegable: María aparece en todos los rincones de la geografía católica con la fuerza del encanto de su maternal intercesión.

Tres pastorcitos (Lucía, Francisco y Jacinta) fueron los agraciados con la aparición de la Nuestra Señora. La novedad de estas apariciones de Fátima y núcleo de su mensaje consiste en la devoción al Corazón Inmaculado de María como un camino hacia el encuentro con Dios, concretando en este título su intercesión materna. Por medio de los sencillos María transmite un mensaje destinado a la Iglesia y a la humanidad.

El Santuario de Fátima se ha convertido en estos cien años en un lugar privilegiado de peregrinaciones y entre los peregrinos destacan tres papas. Así el 13 de mayo de 1967, a los 50 años de las apariciones de la Virgen, el beato Pablo VI viajó a Fátima. Allí pronunció unas proféticas palabras sobre uno de los males que iba a padecer la Iglesia por “ideologías diseñadas para quitar de la fe todo lo que el pensamiento moderno no entiende o no acepta”. Pablo VI dijo también estas palabras: “Venimos de Roma para elevar, en Cova de Iría, nuestra ardiente súplica por la paz de la Iglesia y del mundo”; intención que sigue estando plenamente vigente en la actualidad y que hemos de hacer especialmente nuestra.

La relación de san Juan Pablo II con Nuestra Señora de Fátima fue muy intensa. Hay un momento especial el 13 de mayo de 1981, cuando –según cuenta él–, la Virgen le salvó de morir en un atentado perpetrado por Alí Agca en la Plaza San Pedro. Un año después de este suceso, el 13 de mayo de 1982, Juan Pablo II viajó por primera vez a Fátima para “agradecer a la Virgen su intervención en la salvación de mi vida y el restablecimiento de mi salud”. En 1991 el Santo Padre regresó al Santuario, donde afirmó que “la Virgen me regaló otros diez años de vida” y volvió por última vez a Fátima para beatificar a los niños videntes Francisco y Jacinta el 13 de mayo del Año Jubilar del 2000.

Benedicto XVI, por su parte, acudió como peregrino a Fátima en el año 2010 en el décimo aniversario de la mencionada beatificación. Decía el papa Ratzinger: “He venido a Fátima para gozar de la presencia de María y de su protección materna (…). He venido a rezar, con María y con tantos peregrinos, por nuestra humanidad afligida por tantas miserias y sufrimientos”.

El papa Francisco, que consagró el mundo a María el 13 octubre de 2013, acudirá ahora a Fátima para celebrar el centenario de las apariciones y canonizar a los pastorcitos Francisco y Jacinta Marto.

Qué gran recordatorio éste cuando la Iglesia en este momento de la historia, en el pontificado del Papa Francisco y en continuidad con sus últimos predecesores, está llamada a un nueva etapa evangelizadora.

Exhortamos a los fieles a vivir con verdadero espíritu cristiano y afán evangelizador este acontecimiento eclesial del centenario de las apariciones de Fátima y deseamos que se renueve  en todos la verdadera devoción a la Virgen María, que “no consiste ni en un sentimentalismo estéril y transitorio ni en una vana credulidad, sino que procede de la fe auténtica, que nos induce a reconocer la excelencia de la Madre de Dios, que nos impulsa a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes” (Lumen Gentium, 67).

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EL PAPA ORA EN FATIMA

Oración que el Papa Francisco reza ante la imagen de Nuestra Señora de Fátima, este pasado viernes 12 de mayo, después de haber rezado el santo rosario.

El Santo Padre:
Salve Reina, Bienaventurada Virgen de Fátima, Señora del Corazón Inmaculado,
refugio y camino que conduce a Dios.

Peregrino de la Luz que procede de tus manos, doy gracias a Dios Padre que,
siempre y en todo lugar, interviene en la historia del hombre;

peregrino de la Paz que tú anuncias en este lugar, alabo a Cristo, nuestra paz,
y le imploro para el mundo la concordia entre todos los pueblos;

peregrino de la Esperanza que el Espíritu anima, vengo como profeta y mensajero
para lavar los pies a todos, en torno a la misma mesa que nos une.

Estribillo cantado por la asamblea:
Ave o clemens, ave o pia! Salve Regina Rosarii Fatimæ. Ave o clemens,
ave o pia! Ave o dulcis Virgo Maria.

El Santo Padre:
¡Salve, Madre de Misericordia, Señora de la blanca túnica!
En este lugar, desde el que hace cien años manifestaste a todo el mundo
los designios de la misericordia de nuestro Dios,
miro tu túnica de luz y, como obispo vestido de blanco,
tengo presente a todos aquellos que, vestidos con la blancura bautismal,
quieren vivir en Dios y recitan los misterios de Cristo para obtener la paz.

Estribillo…

El Santo Padre:
¡Salve, vida y dulzura, salve, esperanza nuestra, Oh Virgen Peregrina, oh Reina Universal!
Desde lo más profundo de tu ser, desde tu Inmaculado Corazón,
mira los gozos del ser humano cuando peregrina hacia la Patria Celeste.
Desde lo más profundo de tu ser, desde tu Inmaculado Corazón,
mira los dolores de la familia humana que gime y llora en este valle de lágrimas.

Desde lo más íntimo de tu ser, desde tu Inmaculado Corazón,
adórnanos con el fulgor de las joyas de tu corona y haznos peregrinos como tú fuiste peregrina.

Con tu sonrisa virginal, acrecienta la alegría de la Iglesia de Cristo.
Con tu mirada de dulzura, fortalece la esperanza de los hijos de Dios.
Con tus manos orantes que elevas al Señor, une a todos en una única familia humana.

Estribillo …

El Santo Padre:
¡Oh clemente, oh piadosa, Oh dulce Virgen María,
Reina del Rosario de Fátima!
Haz que sigamos el ejemplo de los beatos Francisco y Jacinta,
y de todos los que se entregan al anuncio del Evangelio.

Recorreremos, así, todas las rutas, seremos peregrinos de todos los caminos,
derribaremos todos los muros y superaremos todas las fronteras,
yendo a todas las periferias, para revelar allí la justicia y la paz de Dios.

Seremos, con la alegría del Evangelio, la Iglesia vestida de blanco,
de un candor blanqueado en la sangre del Cordero
derramada también hoy en todas las guerras que destruyen el mundo en que vivimos.

Y así seremos, como tú, imagen de la columna refulgente que ilumina los caminos del mundo,
manifestando a todos que Dios existe, que Dios está,
que Dios habita en medio de su pueblo, ayer, hoy y por toda la eternidad.

Estribillo…

El Santo Padre junto con todos los fieles:
¡Salve, Madre del Señor, Virgen María, Reina del Rosario de Fátima!
Bendita entre todas las mujeres, eres la imagen de la Iglesia vestida de luz pascual,
eres el orgullo de nuestro pueblo, eres el triunfo frente a los ataques del mal.
Profecía del Amor misericordioso del Padre,
Maestra del Anuncio de la Buena Noticia del Hijo,
Signo del Fuego ardiente del Espíritu Santo,
enséñanos, en este valle de alegrías y de dolores,
las verdades eternas que el Padre revela a los pequeños.

Muéstranos la fuerza de tu manto protector.
En tu Corazón Inmaculado, sé el refugio de los pecadores
y el camino que conduce a Dios.
Unido a mis hermanos, en la Fe, la Esperanza y el Amor, me entrego a Ti.
Unido a mis hermanos, por ti, me consagro a Dios,
Oh Virgen del Rosario de Fátima.
Y cuando al final me veré envuelto por la Luz que nos viene de tus manos,
daré gloria al Señor por los siglos de los siglos.

Amén.

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“JUNTO AL PAPA FRANCISCO, PEREGRINOS DE ESPERANZA Y DE PAZ”

Virgen de Fátima.JPGLa Conferencia Episcopal Española ha hecho público un Mensaje con motivo del Centenario de las apariciones de la Virgen de Fátima, cuyo texto se aprobó en la última reunión del Ejecutivo realizada en abril pasado y que lleva por título “Junto al Papa Francisco, peregrinos de esperanza y de paz”.

Este viernes y sábado el papa Francisco estará en el santuario de Fátima en Portugal, viaje apostólico definido por él como una peregrinación.

El Secretario General y Portavoz de la CEE, José María Gil Tamayo ha explicado que “la Virgen María forma parte de la vida cristina de manera inseparable”. Precisamente, ha señalado, “Fátima es una de las plazas principales de esa presencia Mariana en la historia de la Iglesia reciente”.

José María Gil Tamayo ha afirmado que el papa Francisco realiza este viaje “con una intención de la paz” y ha recordado que la aparición de Fátima “es una providencia de Dios en un momento de la historia especialmente convulso”. Recordó además que “el mensaje de Fátima no tiene nada esotérico, ni nada que esté fuera del Evangelio”.

Junto al Papa Francisco, peregrinos de esperanza y de paz
1.- Con motivo del centenario de las apariciones de la Virgen María en Cova da Iría (Portugal) el Papa Francisco irá como peregrino al Santuario de Nuestra Señora de Fátima del 12 al 13 de mayo de 2017.

Los obispos españoles queremos unirnos a esta peregrinación del Sucesor de Pedro interpretando así el sentir común de nuestro pueblo que tiene en la advocación y acontecimiento mariano de Fátima una de las devociones más arraigadas y populares. Junto con el Papa Francisco deseamos hacer realidad lo que reza el lema elegido: «Con María, peregrino en la esperanza y en la paz».

Como señalaba san Juan Pablo II, “no sólo los individuos o grupos locales, sino a veces naciones enteras y continentes buscan el encuentro con la Madre del Señor. Tal vez se podría hablar de una específica «geografía» de la fe y de la piedad mariana, que abarca todos estos lugares de especial peregrinación del pueblo de Dios” (Redemptoris Mater, 28).

Fátima es uno de esos lugares destacados, especialmente en la historia contemporánea de la Iglesia, en los que se hace realidad la súplica y alabanza a la Madre de Dios preanunciada por ella misma. Efectivamente, María toma conciencia de lo que Dios ha hecho en ella y anuncia en el canto del Magníficat su bienaventuranza a lo largo de los siglos: “Me felicitarán todas las generaciones” (Lc 1,48). Es un hecho innegable: María aparece en todos los rincones de la geografía católica con la fuerza del encanto de su maternal intercesión (cf. Marialis Cultus, 56).

Este convencimiento tan constatable en nuestro pueblo nos lleva a unirnos con alegría a la celebración del centenario de las apariciones de la Virgen de Fátima. Tres pastorcitos (Lucía, Francisco y Jacinta) fueron los agraciados con la aparición de la Nuestra Señora. La novedad de estas apariciones de Fátima y núcleo de su mensaje consiste en la devoción al Corazón Inmaculado de María como un camino hacia el encuentro con Dios, concretando en este título su intercesión materna. Por medio de los sencillos María transmite un mensaje destinado a la Iglesia y a la humanidad.

Los papas peregrinos

2.- El Santuario de Fátima se ha convertido en estos cien años en un lugar privilegiado de peregrinaciones y entre los peregrinos destacan tres papas. Así el 13 de mayo de 1967, a los 50 años de las apariciones de la Virgen, el beato Pablo VI viajó a Fátima. Allí pronunció unas proféticas palabras sobre uno de los males que iba a padecer la Iglesia por “ideologías diseñadas para quitar de la fe todo lo que el pensamiento moderno no entiende o no acepta”. Pablo VI dijo también estas palabras: “Venimos de Roma para elevar, en Cova de Iría, nuestra ardiente súplica por la paz de la Iglesia y del mundo”; intención que sigue estando plenamente vigente en la actualidad y que hemos de hacer especialmente nuestra.

La relación de san Juan Pablo II con Nuestra Señora de Fátima fue muy intensa. Hay un momento especial el 13 de mayo de 1981, cuando –según cuenta él–, la Virgen le salvó de morir en un atentado perpetrado por Alí Agca en la Plaza San Pedro. Un año después de este suceso, el 13 de mayo de 1982, Juan Pablo II viajó por primera vez a Fátima para “agradecer a la Virgen su intervención en la salvación de mi vida y el restablecimiento de mi salud”. En 1991 el Santo Padre regresó al Santuario, donde afirmó que “la Virgen me regaló otros diez años de vida” y volvió por última vez a Fátima para beatificar a los niños videntes Francisco y Jacinta el 13 de mayo del Año Jubilar del 2000.

Benedicto XVI, por su parte, acudió como peregrino a Fátima en el año 2010 en el décimo aniversario de la mencionada beatificación. Decía el papa Ratzinger: “He venido a Fátima para gozar de la presencia de María y de su protección materna (…). He venido a rezar, con María y con tantos peregrinos, por nuestra humanidad afligida por tantas miserias y sufrimientos”. Una vez más, la finalidad gozosa de estar junto a la Madre llevaba consigo el propósito de orar por los pesares de todos los hijos, por los sufrimientos de la toda la humanidad.

El papa Francisco, que consagró el mundo a María el 13 octubre de 2013, acudirá ahora a Fátima para celebrar el centenario de las apariciones y canonizar a los pastorcitos Francisco y Jacinta Marto.

Sentido de las apariciones

3.- Para entender el sentido de las apariciones marianas que conmemoramos hay que relacionarlas con las maravillas que Dios ha hecho por su Pueblo, dado que Dios sigue actuando en la historia. En Cristo resucitado se cumplieron todas las promesas divinas, pero todavía la humanidad sigue esperando el retorno definitivo de Cristo y, hasta que Él venga, vivimos en el tiempo inaugurado por su resurrección, un período de esperanza, pero a la vez están presentes muchas lacras y sufrimientos.

Las apariciones se sitúan en el contexto del plan salvador de Dios, en el que el papel de María resulta esencial por su intercesión materna en el misterio de Cristo (cf. Lumen Gentium, 62). Las que conmemoramos de Fátima, en plena I Guerra Mundial, confirman que María, como buena madre, acude allí donde el corazón de sus hijos padecen todo tipo de sufrimientos y los horrores de la persecución o la guerra. “No tienen vino” (Jn 2,3), dice también en nuestro tiempo la Madre ante su Hijo, intercediendo por una humanidad necesitada.

La conversión a Dios que, junto con la oración, forma parte esencial del mensaje de Fátima, “trae consigo -como señalábamos los obispos- una esmerada solicitud por los pobres desde el encuentro con Cristo” (CEE, Iglesia servidora de los pobres, 34).

Impulso evangelizador

4.- La Virgen utiliza un lenguaje sencillo con los videntes, acomodándose a sus formas de hablar. Siguiendo la lógica de Dios (Cf. 1Co 1, 26-28), esta elección de los pequeños, de los pobres, de los insignificantes, es una constante que se repite en las apariciones marianas, sobre todo en las especialmente reconocidas de la época moderna. Está en total acuerdo con la doctrina evangélica que los pobres sean los predilectos para entrar en el Reino y que Dios escoge los lugares olvidados por los poderosos de este mundo. Así se realiza el dicho evangélico: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños” (Mt 11,25).

Qué gran recordatorio éste cuando la Iglesia en este momento de la historia, en el pontificado del Papa Francisco y en continuidad con sus últimos predecesores, está llamada a un nueva etapa evangelizadora (cf. Evangelii Gaudium, 15).

La Virgen descubre a unos videntes sencillos y pobres que los grandes acontecimientos de nuestro mundo están ligados a su fuente y raíz más profunda, que es el corazón del hombre en su apertura o cerrazón ante Dios.

“Haced lo que Él os diga” (Jn 2,5)

5.- María, durante su vida en la tierra, sólo dirigió a la humanidad una única palabra: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2,5), y es muy significativo que todo el mensaje mariano de las apariciones se reduzca a esta sencilla afirmación, porque no hay nada nuevo en las embajadas de Nuestra Señora.

María, en Fátima, llama –como su Hijo– a la conversión, a la reconciliación, a la renovación de la vida cristiana, a la reforma de las costumbres, a la oración y al sacrificio por la conversión de los pecadores o en reparación de los propios pecados. Así lo recordaba el Papa Francisco al señalar que en las apariciones de Fátima “María nos invita una vez más a la oración, a la penitencia y a la conversión. Nos pide que no ofendamos más a Dios. Advierte a toda la humanidad sobre la necesidad de entregarse a Dios, fuente de amor y de misericordia” (Audiencia, 11-5-2016; cf. también Catecismo de la Iglesia Católica, n. 67).

En comunión eclesial con el Papa Francisco, pastores y fieles somos peregrinos en la esperanza y en la paz.

Exhortamos a los fieles a vivir con verdadero espíritu cristiano y afán evangelizador este acontecimiento eclesial del centenario de las apariciones de Fátima y deseamos que se renueve  en todos la verdadera devoción a la Virgen María, que “no consiste ni en un sentimentalismo estéril y transitorio ni en una vana credulidad, sino que procede de la fe auténtica, que nos induce a reconocer la excelencia de la Madre de Dios, que nos impulsa a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes” (Lumen Gentium, 67).

Finalmente, nos consagramos a Nuestra Señora de Fátima con la misma oración que el Papa Francisco pronunció el 13 de mayo de 2013:

Bienaventurada María, Virgen de Fátima,
con renovada gratitud por tu presencia maternal
unimos nuestra voz a la de todas las generaciones
que te llaman bienaventurada.

Celebramos en ti las grandes obras de Dios,
que nunca se cansa de inclinarse
con misericordia hacia la humanidad,
afligida por el mal y herida por el pecado,
para curarla y salvarla…

Custodia nuestra vida entre tus brazos:
bendice y refuerza todo deseo de bien;
reaviva y alimenta la fe;
sostén e ilumina la esperanza;
suscita y anima la caridad;
guíanos a todos nosotros por el camino de la santidad.

Enséñanos tu mismo amor de predilección
por los pequeños y los pobres,
por los excluidos y los que sufren,
por los pecadores y los extraviados de corazón:
congrega a todos bajo tu protección
y entrégalos a todos a tu dilecto Hijo,
el Señor nuestro Jesús. Amén.

Madrid, 20 de abril de 2017

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MARÍA MADRE DE LA ESPERANZA – Catequesis del papa Francisco del 10 de Mayo

“En la catequesis de hoy contemplamos a María como Madre de la esperanza. Ella pasó también por momentos muy difíciles. No era fácil responder con un «sí» al anuncio del Ángel y acoger en su seno el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios”.

Y precisó que “después, en el momento crucial de la vida de Jesús, cuando casi todos lo han abandonado, María permaneció junto a la cruz de su Hijo por amor de madre y por fidelidad al plan de Dios”.

“Ella, a pesar de que no siempre comprendía –prosiguió el papa Francisco– todo lo que estaba sucediendo, se nos muestra como una mujer valiente, que no se detiene ante las dificultades. Una mujer que está atenta a la Palabra de Dios y que sabe meditar todo en su corazón”.

“Por último, también la vemos al comienzo de la Iglesia, junto a los discípulos de su Hijo, acompañándolos y animándolos como madre de esperanza. Así nos enseña que en los momentos de dificultad, cuando parece que nada tiene sentido, siempre tenemos que esperar y confiar en Dios” explicó el Pontífice.

El Santo Padre concluyó sus palabras en español saludando con cordialidad “a los peregrinos de lengua española” y recordó que “hoy celebramos la fiesta de san Juan de Ávila, patrono del clero español y maestro de vida espiritual”. Exhortó así a rezar “por todos los sacerdotes, para que sean siempre una imagen transparente de Jesús, Buen Pastor, y la Virgen María los sostenga a lo largo de su vida sacerdotal”.

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SAN JUAN DE ÁVILA -10 de mayo

Nació en Almodóvar del Campo, Ciudad Real, España, el 6 de enero de 1499 o 1500. Sus padres eran propietarios de unas minas de plata en Sierra Morena, pero el pequeño Juan no estimaba en nada los recursos que poseía. Formado por ellos en la abnegación y el amor al prójimo, se desprendía de sus pertenencias fácilmente. Así, se deshizo de su sayo nuevo que ofreció a un niño pobre. Fue enviado a estudiar a Salamanca cuando tenía 14 años. Y a los 18 regresó al domicilio paterno después de haber cursado leyes, con el reducto espiritual que le dejó una experiencia de conversión. Vivió en oración y penitencia hasta que en 1520, alentado por un franciscano, partió a Alcalá de Henares para seguir estudios. Tomó contacto con el que luego sería arzobispo de Granada, Pedro Guerrero, y con el venerable Fernando de Contreras. Seguramente conoció allí a san Ignacio de Loyola. Entre tanto, perdió a sus padres. En honor a ellos, cuando en 1526 fue ordenado sacerdote eligió su ciudad natal para decir su primera misa poniendo el signo de invitar a doce pobres a comer a su mesa, entre los cuales repartió sus bienes; comenzó la evangelización en su propio pueblo.

Su siguiente etapa fue Sevilla, desde cuyo puerto pensaba embarcar rumbo a América junto al recién elegido obispo de Tlaxcala, Nueva España. Los planes de la Providencia eran otros. En el compás de espera compartió sus ansias de pobreza, oración y sacrificio con el padre Contreras. Ambos asistían a los pobres y les instruían en la fe. A través de este compañero, la brújula marcó al santo otro destino para su vida. Contreras le habló de él a monseñor Manrique, arzobispo de Sevilla, y éste pidió a Juan que predicara en su presencia. Estuvo toda la noche orando ante el crucifijo, lleno de gran timidez. Según confesó después, en esos momentos pensaba en la vergüenza que Cristo pasó desnudo en la cruz. El sermón causó tal impresión que le llenaron de alabanzas, y él respondió: «Eso mismo me decía el demonio al subir al púlpito». De allí partió a Écija, Sevilla y Cádiz, lugares en los que su predicación y labor como director espiritual siguieron siendo excepcionales.

Sus acciones le acarrearon persecuciones y enemistades. En 1531 fue procesado por la Inquisición siendo acusado de graves hechos que no cometió. Pasó un año en la cárcel sin aceptar defensa alguna porque –así lo reconocía–, estaba en las mejores manos: las de Dios. La celda fue lugar de celestiales consuelos. En el juicio respondió a los cargos que se le imputaban dando testimonio de su fe, sin reprobar a los cinco testigos de la acusación. De pronto aparecieron 55 que testificaron a favor suyo. En prisión escribió Audi, Filia. Este periodo le enseñó mucho más que los libros y experiencias anteriores. Fue liberado, pero la injusta sentencia señalaba «haber proferido en sus sermones y fuera de ellos algunas proposiciones que no parecieron bien sonantes». Y le impusieron, bajo pena de excomunión, que las declarase convenientemente donde las hubiera expuesto.

En 1535 partió a Córdoba llamado por el obispo Álvarez de Toledo. Entonces conoció a fray Luís de Granada. Creó los colegios de san Pelagio y de la Asunción, y un año más tarde se fue a Granada para ayudar al arzobispo en la fundación de la universidad. Allí le oyeron predicar san Juan de Dios y san Francisco de Borja; el influjo de sus palabras cambió radicalmente sus vidas. Tenía gran devoción por el Santísimo Sacramento y por la Virgen. Y sabiendo de su capacidad persuasiva, un día le pidieron que abogase a favor de un templo dedicado a María que se estaba construyendo. Se ofreció él mismo de inmediato: «Yo iré allí, y tomaré una piedra sobre mis hombros para ponerla en la casa que se edifica a honra de la Madre de Dios». Desde luego, como esperaban, movió la generosidad de la gente. Hasta los pobres respondieron a sus peticiones con sus mermadas pertenencias. La clave de su fuerza en los sermones se hallaba en el «amar mucho a Dios». Oración, sacrificio y estudio eran sus pilares. A su espíritu de pobreza unía paciencia, modestia, prudencia, abnegación, discreción; hacía de la frugalidad virtud ejemplar dando testimonio con su propia vida de lo que predicaba. Renunció a dignidades cardenalicias y episcopales.

Formó en Granada un grupo sacerdotal en 1537, que tuvo bajo su amparo, y en 1539 ayudó a la fundación de la universidad de Baeza, Jaén. Gran escritor y predicador, su amor por el sacerdocio le llevó a pedir la creación de seminarios para una verdadera reforma de la Iglesia y del clero. En 1551 enfermó y tuvo que permanecer en la localidad cordobesa de Montilla. Durante quince años siguió escribiendo y aconsejando a personas de toda clase, edad, condición y procedencia. Estuvo relacionado con san Ignacio de Loyola y santa Teresa de Jesús, quien le dio a examinar el «Libro de su vida», y causó gran influjo en san Antonio María Claret. En mayo de 1569 su salud, que ya venía lesionada de atrás, empeoró. En medio del dolor, exclamaba: «Señor mío, crezca el dolor, y crezca el amor, que yo me deleito en el padecer por Vos» o «¡Señor, más mal, y más paciencia!». Esa era su disposición. Pero cuando le vencía le debilidad, manifestaba: «¡Ah, Señor, que no puedo!». Incluso una noche en la que arreciaron los dolores pidió a Dios que los erradicara, y así sucedió. A la mañana siguiente reconoció: «¡Qué bofetada me ha dado Nuestro Señor esta noche!».

Pronto a partir de este mundo, no hallaba mayor consuelo que la recepción de la Eucaristía. «¡Denme a mi Señor, denme a mi Señor!», suplicaba. En los postreros instantes, en medio de intensísimo dolor y fatiga que le hacía proferir: «Bueno está ya, Señor, bueno está», no cesaba de recitar esta jaculatoria: «Jesús, María; Jesús, María». Murió el 10 de mayo de 1569. León XIII lo beatificó el 4 de abril de 1894. Pío XII lo designó patrono del clero secular español el 2 de julio de 1946. Pablo VI lo canonizó el 31 de mayo de 1970. Y el 7 de octubre de 2012 Benedicto XVI lo declaró doctor de la Iglesia.

 

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SIETE NUEVOS BEATOS

Siete misioneros del Sagrado Corazón españoles han sido beatificados como mártires, anunció el Papa Francisco después de la oración mariana  de Regina Coeli, este pasado domingo 7 de mayo de 2017, desde la ventana del despacho que da a la plaza San Pedro.

Misioneros del Sagrado Corazón beatificados

“Ayer, Antonio Arribas Hortigüela y seis compañeros, religiosos de la congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón, han sido proclamados bienaventurados en Gerona, España. Estos discípulos de Jesús fieles y heroico, fueron asesinados por odio a la fe en una época de persecución religiosa”, ha dicho el Papa.

Ha deseado “ que su martirio aceptado por amor a Dios y por la fidelidad a su vocación, suscite en la Iglesia el deseo de dar testimonio con fuerza del Evangelio de la caridad”.

Estos Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús, una congregación fundada en Francia por el P. Jules Chevalier, fueron fusilados en Gerona, Cataluña el 29 de septiembre de 1936.

El Papa Francisco había autorizado la publicación, el 8 de julio de 2016, del decreto de la Congregación para las causas de los santos reconociendo el martirio de estos siete jóvenes españoles, entre ellos, cuatro sacerdotes, asesinados por su fe durante la guerra civil española.

Miembros de la comunidad implantada en Canet de Mar, todos ellos eran muy jóvenes, entre 0 y 28 años. En el momento de su muerte , el P. Arribas Hortigüela  gritó en nombre de todos: “¡ viva Cristo rey!”.

Sus compañeros  eran tres sacerdotes :  Abundio Martín Rodriguez, Jose Vergara  Echevarria, Josep Oriol Isern  Massó; y tres religiosos en formación: Jesús Moreno Ruiz, Jose del Amo del Amo y Gumersindo Gómez Rodrigo. Este último, afirman los Misioneros del Sagrado Corazón, fue un “ejemplo de humildad y de caridad evangélica”.

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